El pragmatismo de Deng Xiaoping

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El pragmatismo de Deng Xiaoping

Hasta la década de los setenta, la economía China era deficitaria, eminentemente rural y con una población pauperizada como resultado del modelo socialista.

China necesitaba, de manera urgente, un giro de timón en lo económico para sacarla de la miseria en que la había sumergido el modelo socialista, por lo que su líder de aquella época, Deng Xiaoping, se vio en la necesidad de desechar en lo económico el modelo socialista y lanzar el desafío de invertir capitales en China, con la promesa de hacer al capitalista más rico, financieramente hablando; de ahí su famosa máxima de: “No importa si el gato es negro o blanco, mientras pueda cazar ratones es un buen gato”. Ese fue el punto de partida de la transformación y despegue económico de China, en plena Guerra Fría.

Con los objetivos claros y decisión férrea abrió la economía de China al mundo de la inversión, ofreciendo ventajas en lo económico y laboral, volviéndola atractiva para los capitalistas, hasta transformarla en una potencia industrial y principal eslabón en la cadena de suministros, logística, tecnología y servicios en la economía mundial.

Imperó, por tanto, el pragmatismo, con la certeza de que dicha apertura permitiría desarrollar un sistema productivo que, aprovechando sus evidentes ventajas comparativas, traería más oportunidades de trabajo y una mejor calidad de vida para su pueblo. Cuarenta años después, el sitial de China como potencia económica e industrial es innegable. A través de préstamos a altas tasas de interés a países con economías de alto riesgo;, se constituyen en el círculo virtuoso por el cual el imperio de Oriente hace real su expansión de influencia geopolítica, adueñándose de los recursos naturales dados en garantía por los deudores.

Lo destacable es que uno de los pilares del socialismo chino, Deng Xiaoping, haya reconocido el fracaso del modelo económico socialista y haya tenido la valentía de enmendar el error en favor de su pueblo. Ojalá los arcaicos socialistas criollos emulen el pragmatismo de Deng Xiaoping, y vean al capitalismo como el mejor aliado del pueblo.