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El pacto del ya que chu...

"Los pactos en política son práctica común, efímeros y coyunturales, ya que persiguen satisfacer necesidades particulares de poder"

Los pactos en política son práctica común, efímeros y coyunturales, ya que persiguen satisfacer necesidades particulares de poder, las que en algún momento se contraponen, por tanto, el pacto nace desahuciado. En la política ecuatoriana hay muchos pactos, empezando por el pacto “de la regalada gana”, hasta llegar al pacto del “encuentro”, entre PSC y CREO, en el que cada uno buscaba su propia satisfacción. El primero, llevar a cabo su consulta popular; el segundo, llegar a Carondelet, pacto que podría ser denominado del “ya que chu…”, ya que sus actores, por conveniencia, trataron de superar sus diferencias, resentimientos y orgullos.

El compromiso del presidente electo Guillermo Lasso, de la lucha contra la corrupción, recuperación de los fondos sustraídos por el correísmo, en resumen cero impunidad, aun a costa de la gobernabilidad, es con el pueblo; violarlo lo convertía en presidente caído antes de la posesión.

El retiro del apoyo por parte de CREO a la candidatura de Kronfle para la presidencia de la Asamblea, ya sea por presión social o mediática en contra del pacto con el correísmo, era previsible, mas la caballerosidad exigía comunicarlo con anticipación al aliado.

El apoyo de CREO a Pachakutik para la presidencia de la Asamblea es incomprensible, ya que este último complotaba con el correísmo para tumbar al presidente Guillermo Lasso.

El objetivo común del correísmo y Pachakutik, afianzar la tesis de la persecución política para liberar de toda culpa a los indígenas que participaron en las revueltas de octubre del 2019 y a los correístas juzgados y sentenciados por actos de corrupción; para lo cual la Comisión de la Verdad es imprescindible como escalón a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y obtener de esta la resolución exculpatoria de los vándalos golpistas y de los pillastres juzgados, sentenciados y prófugos, resultado, dineros no recuperados, derechos de participación política intactos y la ciudadanía burlada.

El presidente electo Guillermo Lasso debe gobernar con la ciudadanía y no caer en el juego de la impunidad con el pacto del “ya que chu…”.