Columnas

José Agusto

"Su pecado, ser ajeno a las mafias que rondaban el poder, a las que les resultaba inconveniente"

José Agusto puso las manos al fuego por la patria, con base en la calidad moral adquirida en el hogar, así como salesiano bajo la guía de Don Bosco y María Auxiliadora.

José Agusto sirvió al país cuando la democracia tambaleaba, la debilitada institucionalidad del Estado era secuestrada por insurrectos, golpistas, vándalos e infiltrados que parapetados en la supuesta “protesta civil”, incendiaban pruebas del saqueo socialista del siglo XXI, llevando a la hoguera bárbara los derechos ciudadanos de los quiteños en particular y de los ecuatorianos en general, en los duros momentos del 2019.

Resulta paradójico que quien luchó por la institucionalidad del Estado haya sido víctima del sistema, ensañado en su contra, pisoteando el principio constitucional de igualdad, al negarle el derecho a defenderse en libertad, con medidas sustitutivas, como le fue concedido a otros.

Su pecado, ser ajeno a las mafias que rondaban el poder, a las que les resultaba inconveniente. Inculparlo era necesario para tender nubes de humo sobre un negociado, al parecer “encadenado” a aquellas mafias minera y petrolera, cercanas a las altas esferas del poder de la época, dispuestas a comprar conciencias y silencio a cualquier costo.

José Agusto, al igual que el general Gabela y Fausto Valdiviezo, eran hombres de fe, de familia, de principios, convicciones y de un profundo amor a la patria, opuestos a la corrupción; por eso fueron “misteriosa y convenientemente” silenciados.

Para José Agusto, Pepín, como los amigos le decíamos, la vida era un regalo de Dios. Atentar contra ella no era opción: “solo Dios es el dueño de ella”, decía.

Atentar contra su buen nombre fue una bajeza, echar lodo sobre su honra, privarlo de su libertad para distraer la atención es ruin y miserable. 

El país tiene una deuda con la memoria de José Agusto, la cual solo se puede saldar llegando a los verdaderos culpables del delito que injustamente se le imputaba, y desvelando la verdad sobre su “misterioso” fallecimiento. Su familia lo merece. El país y sus amigos exigimos justicia y reivindicación de la honra de José Agusto.