Columnas

¿Queremos el cambio?

Al parecer nos encontramos bajo las mismas circunstancias de hastío del 2006; necesidades agravadas, frustraciones exacerbadas y esperanzas alicaídas.

Continuamos repitiendo los errores de no poner sobre la mesa de discusión los diversos modelos de gestión política y económica que requiere el país para salir de esta seudobancarrota, para salir del estado de corrupción que nos convirtió en narcorrepública, por haber elegido de manera irresponsable a quienes nos deben representar en las diferentes dignidades de elección popular.

Al parecer nos encontramos bajo las mismas circunstancias de hastío del 2006; necesidades agravadas, frustraciones exacerbadas y esperanzas alicaídas, porque cuando creíamos que habíamos tocado fondo, surge algo que empeora las cosas, lo cual debe llevarnos a preguntarnos ¿qué debemos hacer diferente en estas elecciones para que no se repita la vieja historia de populismo, corrupción, miseria, cacicazgo, inseguridad y desempleo?

La respuesta está en la causa del descontento popular contra la clase política, y el cambio está en las características que la ciudadanía exige a los políticos en el ejercicio del poder, estableciendo así los elementos diferenciadores que deben llevarnos al voto consciente, identificando a qué y a quiénes debemos negar el voto; esto es, a los que representen aquello que repudiamos, generando coherencia entre la acción expresada en el acto consciente del sufragio en favor de la institucionalidad, la rectitud moral y por quienes se tomen en serio su papel de representantes de la voluntad popular. Para ello debemos analizar las hojas de vida de los candidatos, hojas de vida que deben revelar capacidad, probidad en sus acciones, sensatez, madurez, pragmatismo y solvencia moral probada; es decir, escoger a aquellos que tengan características y perfil de estadistas, aquellos que su labor la realizan pensando a largo plazo, en las futuras generaciones. y no a populistas que viven pensando en las futuras elecciones para mantenerse en el poder y engrosar en corto plazo su billetera, de negociado en negociado.

Si no queremos un país de rateros, no debemos elegir a las ratas. Bajo tal análisis, cabe preguntarnos: ¿queremos o no el cambio en la política nacional?