
Hacer ejercicio de noche: un acto de resistencia en Guayaquil
Con toque de queda, inseguridad y sitios sin mantenimiento, aficionados destacan beneficios de apropiarse del espacio público
Víctor Loachamín tiene una cita ineludible cuando cae la noche. Deja atrás las presiones laborales, apaga las pantallas y se reúne con sus amigos para jugar ecuavóley. “Después de laborar venimos a distraernos un poco, aunque sea en la noche. Uno se desestresa, se olvida de la rutina, se divierte y pasa con los amigos. Desde que tengo uso de razón lo hago, gracias a Dios”, relata.
El toque de queda que limita la movilidad nocturna regirá de 23:00 a 05:00. Sin embargo, para ciudadanos como Víctor esto no frena el anhelo de ejercitarse. Aunque reconocen los riesgos y admiten que su rutina se verá afectada por la medida, que entra en vigencia desde esta noche, muchos mantienen la esperanza de que, algún día, en Guayaquil sus ciudadanos recuperen el derecho básico de ejercitarse sin tener que mirar por encima del hombro.
Al igual que Víctor, miles de guayaquileños encuentran en el deporte nocturno un hábito saludable e innegociable, aunque este instinto humano por mantenerse activo choca frontalmente con la hostilidad de la infraestructura urbana. Guayaquil es una ciudad que, en sus horas nocturnas, parece expulsar a sus propios habitantes.
Según el reciente estudio de percepción ciudadana Guayaquil Cómo Vamos, solo el 30 % de la población encuestada dice sentirse segura en los espacios públicos (parques, plazas y calles); pero un alarmante 66,2 % confiesa que ha dejado de salir a estos lugares como medida de precaución frente a la delincuencia.

Cuando el guayaquileño intenta salir a trotar o ejercitarse, encuentra obstáculos de concreto y sombra, como los cierres de parques por obras de mantenimiento que alteran las rutinas. Tal es el caso del parque Clemente Yerovi, en la Kennedy.
Óscar Roldán
Otros recintos lucen en profundas tinieblas, como el emblemático parque de Urdesa, con luminarias dañadas que no permiten ni siquiera realizar un calentamiento seguro en su interior. No en vano, las cifras revelan que solo el 49 % de los ciudadanos encuestados en Guayaquil Cómo Vamos se siente satisfechos con los parques y áreas verdes de su barrio.
Así lo atestigua Óscar Roldán, fundador de Totem Running Club, agrupación que reúne a más de doscientos corredores con cinco sedes distintas.
“Llevaba años corriendo solo y el club nació como una idea para correr con amigos. Fuimos el primer grupo de corredores del sur. En dos años corriendo hemos sufrido dos robos; no es que haya sido peligroso”, comenta, revelando que la clave es ir en grupo y elegir rutas seguras.
“Malos ratos se han pasado con motorizados, que se sobrepasan con las mujeres”, revela.
Pese a las adversidades se organizan
Pero lejos de estancarse en la queja, el grupo se adapta y crece como un escudo colectivo frente a la adversidad urbana. Roldán destaca que organizarse en bloques brinda seguridad (“los que van más lento incluso van acompañados”) y transforma el ejercicio en un refugio integral.
“Correr en grupo te ayuda también a tener una meta. No es solo salir a correr, es un proceso. Aquí trabajamos de forma personalizada, según lo que quiera quien se une al club, incluso por razones psicológicas”, explica.
Con ellos trota Laura Benavides, quien lleva un año formando parte de este grupo que recorre la ciudad de forma casi ritual. “Me ayuda con mi salud, con mi desempeño en el trabajo y en el día a día. Le digo a la gente que se anime. No tienen que ser largas distancias. No necesitan ningún equipo especial, solo unos zapatos deportivos y las ganas de cuidar su cuerpo”, afirma convencida.
A pesar del panorama general, existen oasis donde los vecinos han tomado el control de su entorno. En el parque de la ciudadela Ferroviaria, amparado por el comité barrial, las canchas de fútbol, la pista y las máquinas de ejercicio están operativas. Allí, Javier Calderón utiliza una máquina bien conservada.
“Siempre he vivido en esta ciudadela. El parque nos ayuda mucho. Espacios como este deberían existir en todos lados. Aquí incluso podrían implementar áreas para otros deportes, como la calistenia. El deporte es lo mejor”, expresa.
El ejercicio es una ayuda, sostienen
Cerca, Tito Andriacci coincide con él, tras ‘pelotear’ intensamente con sus amigos de toda la vida: “Todos los miércoles venimos en grupo. Hacer ejercicio nos ayuda física y psicológicamente. Aquí no falta nada, tiene todo”.
La arquitecta y urbanista Gilda San Andrés explica que contar con estos polideportivos es vital, pero la planificación urbana va más allá del simple cemento. “Guayaquil posee en algunos parques este tipo de implementos, pero va más allá de la maquinaria; es un espacio social y comunitario que también debería tener áreas techadas para épocas como la actual, en la que llueve constantemente. Es parte de la inclusividad dotar de este tipo de lugares”.
Al final, el esfuerzo físico debe anclarse a una realidad sostenible. La nutricionista Naomi Flores aterriza el concepto de vida sana al presupuesto local y desmiente que ejercitarse sea un lujo.
“Un estilo de vida saludable tiene que adaptarse a tu vida y a tu tiempo. Las proteínas de origen animal pueden ser caras, pero en Ecuador podemos basar la alimentación en lenteja, fréjol o garbanzo, que tienen proteína y son mucho más económicos”, aconseja.
Naomi Flores
Advierte que el sedentarismo provoca la pérdida de masa muscular, por lo que todos deberían entrenar la fuerza. “Para un resultado físico, el 80 % es la alimentación y el 20 % el ejercicio. Una buena alimentación genera un buen ambiente digestivo para producir serotonina, la hormona de la felicidad”, concluye.
Combatiendo la rutina, los deportistas aficionados se resisten a confinarse después de la jornada laboral.
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