Columnas

Triunfo de la democracia

Ojalá el nuevo presidente no se deje vencer por la vanidad o lisonjas de comensales y su propuesta de “encontrarnos” en un proyecto de país, no sean palabras dichas al viento.

Terminó una tensa lid electoral en que predominó la campaña en contra entre los candidatos. Los electores escogieron democráticamente la opción de respeto a las libertades, para impedir el retorno de un modelo sectario, conflictivo, de ofensas, autoritario, con una multiplicada corrupción sin parangón en la historia del país.

Hubo una marcada diferencia regional del voto: en Sierra, Austro, Amazonía y Galápagos, triunfó G. Lasso, y en la Costa A. Arauz. El nuevo gobierno no puede fallarle al país, es claro que diversos sectores políticos y ciudadanos coincidieron en impulsar el triunfo de una candidatura contraria a un sistema de un Estado que todo lo controle, regule y decida, sometiendo al ciudadano a ideas e intereses del grupo gobernante. La crítica situación actual agravada por la pandemia, impone al nuevo presidente, convocar a personas con probada honestidad, experiencia y especializadas, a construir dignidad individual y bienestar colectivo, que enfrente a un país fragmentado por intereses facciosos, que mira “el árbol y no el bosque”.

El cambio debe empezar por un combate firme y sin tregua contra todo vestigio de corrupción. No es justo que el país se entere de que la justicia de EE.UU. encuentra delitos confesados por traficantes de atracos a los fondos públicos del país (en la parte de ilícitos cometidos en esa nación), mientras en Ecuador no se evidencia claramente a corruptos y compinches, y no se cuantifica el grave perjuicio económico causado a todos los ecuatorianos. La salvedad es el esfuerzo solitario de la fiscal general D. Salazar.

Hay 2 frases muy claras apegadas a la verdad que el presidente electo debería tener presente. La una, del presidente de El Salvador, N. Bukele: “cuando se manejan honradamente los recursos públicos alcanza para todo”. La otra, del gran estadista inglés W. Churchill: “el problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes”. Ojalá el nuevo presidente no se deje vencer por la vanidad o lisonjas de comensales y su propuesta de “encontrarnos” en un proyecto de país, no sean palabras dichas al viento.