Columnas

Pandemia y angustias económicas

Es indudable que la desnutrición infantil es lacerante, a ello hay que agregar la falta de fuentes de trabajo...

El Gobierno ha cumplido su promesa de campaña de vacunar 9 millones de ecuatorianos en sus primeros 100 días. Aquello demuestra que cuando se unen esfuerzos como se lo ha hecho en este caso, con el apoyo y participación del Gobierno nacional y los seccionales, universidades y empresa privada, es factible alcanzar resultados deseados en beneficio de todo el país.

Es verdad que en las actuales circunstancias contrarrestar los letales efectos de la pandemia es lo prioritario, la atención a la salud siempre debe ser la primera preocupación de un gobierno. Sin salud nada es posible y sin duda la pandemia que actualmente enfrenta la humanidad ha devastado económicamente a muchas familias que han perdido ingresos, y por ende viven muy duros momentos que tratan de superarlos, incluso exponiéndose a contagiarse con el virus de COVID-19 buscando cómo supervivir junto a su familia.

Es indudable que el derroche de recursos públicos, unido a una galopante corrupción, ha destrozado la economía nacional. El actual gobierno tiene el desafío de administrar eficientemente los limitados recursos públicos para poder dar atención a los múltiples problemas heredados, que requieren ser atendidos con urgencia. Es indudable que la desnutrición infantil es lacerante, a ello hay que agregar la falta de fuentes de trabajo, el preocupante déficit de la seguridad social de la que dependen cientos de miles de familias, la falta de crédito a bajo interés y largo plazo, especialmente para pequeños y medianos productores agropecuarios. La casi nula inversión pública podría ser un medio eficaz para atenuar el desempleo. Los efectos que genera el incremento del costo de los combustibles, que afectan a pequeños productores y propietarios de vehículos (aparte de la incidencia en el costo de víveres), la desconfianza existente en organismos de control y administración de justicia penetrados por la politiquería y la corrupción, entre otros, constituyen problemas latentes que angustian a los ecuatorianos, y que ameritan sean mitigados en beneficio de amplios sectores poblaciones que esperan más acciones concretas y menos ofrecimientos.