Columnas

Fuente Ovejuna

"A veces parece que el juego es proteger la impunidad; se hace un escándalo para que nos olvidemos de un atraco anteriormente denunciado"

Existe justificado repudio a la dolosa utilización de la ley de discapacidades, mientras los afectados viven una odisea para que se reconozcan sus limitaciones fisiológicas. El gobierno informa que ha tomado medidas, aunque insuficientes, separando funcionarios involucrados en la concesión de estos “favores”. En este caso no se ha recurrido, como en otros, a la obra Fuente Ovejuna del dramaturgo Lope de Vega, que teatraliza la investigación del crimen del comendador de Calatrava, en la que nadie es culpable sino todos, a pesar del evidente robo de oro, plata y otras riquezas de sus autores. En el reparto de los centros de salud, el Gobierno no lo aclara, cuando se sabe que los hospitales no se repartieron solos.

Los ecuatorianos honestos están estupefactos ante tanta descomposición. En la importación fraudulenta de vehículos, según información existente, de 182 exoneraciones el año 2010, aumentaron en el 2019 a 4.426, lo que demuestra que existe una red que trafica con la elusión de aranceles aduaneros.

Es imprescindible efectuar una auditoría de los 5 años no prescritos legalmente, dirigida a cobrar con multas e intereses, los impuestos no pagados, evitando que paguen justos por pecadores, sin perjuicio de sancionar a quienes sean parte de este perjuicio al país.

Las expresiones decoradas con artificios idiomáticos que no vayan acompañadas de acciones que combatan las corruptelas, causan fastidio. Es inaceptable que las funciones Ejecutiva, Legislativa, Judicial, de control, no reparen el atropello a la moral y la ley, que están causando grave daño a la gran mayoría de ecuatorianos.

Es iluso pensar en un mejor mañana sin extirpar el cáncer que está corroyendo los cimientos de la democracia. Sin correcciones estamos condenados a vivir con el apotegma romano “un pueblo corrupto es indigno de vivir en libertad, pero tampoco lo salva el despotismo”. Nada justifica entretenerse con el juego retórico de una palabrería hueca e inconsistente de quienes gobiernan. A veces parece que el juego es proteger la impunidad; se hace un escándalo para que nos olvidemos de un atraco anteriormente denunciado.