Escaso entusiasmo electoral

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Escaso entusiasmo electoral

"Queda la remota esperanza de un gobernante que con firmeza de principios enfrente esta oscura realidad, restaure la ética (sin lo cual nada es posible), sea capaz de construir consensos democráticos..."

La elección presidencial y de asambleístas no provoca entusiasmo en la ciudadanía; acudirá a votar más por obligación que por emoción cívica. A 53 días de las elecciones, más del 50 % de ciudadanos no tiene ninguna decisión, prevalecerá el voto en contra de la situación existe, se elegirá el mal menor que evite el descalabro de nuestra frágil democracia, o se optará por un voto utilitario que favorecerá a quienes tengan opciones de triunfo.

A esa realidad se agrega la poca confianza en organismos electorales. El Tribunal Contencioso Electoral insólitamente avaló una candidatura que busca eludir sanciones penales, interfiriendo paradójicamente en la justicia y condenando a los ecuatorianos a una democracia de caricatura. Si a eso se suma la proliferación de aspirantes, algunos olvidando que gobernar el país requiere conocimientos y experiencias del complejo engranaje de la administración pública, lo ríspido de la política, la alta conflictividad de intereses interinstitucionales, gremiales o personales, la abundancia de voces críticas y escaso patriotismo configuran un panorama en que lo único cierto es lo incierto.

Hay razones para añorar antiguos líderes políticos con convicciones, respaldados por organizaciones políticas y tesis que los identificaban; eso creaba encendidas adhesiones en sus partidarios. Ahora se antepone el deseo de figuración, negociar prebendas, enriquecerse ilícita e inmoralmente, sabiendo de la impunidad reinante con una justicia cotizable y organismos de control distantes de hacer seguimiento a derrochadores o atracadores de fondos públicos. Queda la remota esperanza de un gobernante que con firmeza de principios enfrente esta oscura realidad, restaure la ética (sin lo cual nada es posible), sea capaz de construir consensos democráticos, gobierne para todos y encauce al país hacia una real democracia, o seguiremos en un despeñadero.

El actual gobierno, sin liderazgo, limitado a cumplir su período, se convierte en el mejor aliado para que se piense que el autoritarismo, despilfarro y corrupción que caracterizó al anterior gobierno era menos malo. Triste disyuntiva.