Columnas

Duros retos para el nuevo gobierno

La firme e idónea labor de la fiscal general amerita apoyo presupuestario para que enfrente con mayor eficacia y agilidad el enjambre de corruptos que tiene moralmente descompuesto al país

Al presidente Guillermo Lasso le esperan duros retos. Debe advertir que el pasado 11 de abril no triunfó un partido político, ni un candidato. Sus méritos y constancia por alcanzar la presidencia de la República no se discuten, el voto en 2da vuelta fue mayoritariamente contra la posibilidad de regresar a un autoritarismo manchado con multimillonarios actos de corrupción. Sin caer en un binarismo de venganzas y persecuciones, utilizando los mismos medios de quienes actúan con otro criterio, lo aconsejable es seguir el pensamiento del estoico Marco Aurelio: “la mejor manera de oponerse a una actitud que no se comparte es no obrando como quienes la practican”.

El presidente electo está compelido a restaurar la honestidad como ineludible soporte de su gestión, conformar un equipo de trabajo con personas libres de sospecha de intereses ocultos, con antecedentes incuestionables, especializados, con demostrado patriotismo, que generen confianza ciudadana, que contribuyan a frenar cualquier ofensiva desestabilizadora.

El Ecuador es un país socialmente fragmentado, se asemeja a un espejo roto, donde cada quien o cada grupo se mira en el pedazo de espejo tiene a su lado. Aquello impone unir esfuerzos e ideas que acerquen a los ecuatorianos a construir una mejor democracia dentro de un Estado de bienestar que derribe la radicalización política existente.

Recibe una herencia de asuntos conflictivos que requieren afrontarse con sensatez y decisión. Aparte del faccioso problema político, del alto déficit fiscal y endeudamiento público, la educación merece un remezón radical que mejore su calidad. La salud no puede seguir manejándose centralizadamente, los hospitales deben ser sus ejes de atención social, hay que priorizar la atención al sector rural, la grave crisis del IESS no puede dilatarse. Tampoco ser espectador silencioso de la inaceptable corrupción en la Función Judicial y organismos de control. La firme e idónea labor de la fiscal general amerita apoyo presupuestario para que enfrente con mayor eficacia y agilidad el enjambre de corruptos que tiene moralmente descompuesto al país.