Degradación política

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Degradación política

El país ha renovado ilusamente gobiernos deseando mejorar su democracia, sus condiciones de vida, que haya seguridad jurídica, sanción a delincuentes, que no existan abusos de autoridades...’.

El Ecuador observa entre absorto e incrédulo la degradación política reducida a oscuros y taimados pactos que protegen la impunidad de delitos, favoreciendo la corrupción y la farsa. El país ha renovado ilusamente gobiernos deseando mejorar su democracia, sus condiciones de vida, que haya seguridad jurídica, sanción a delincuentes, que no existan abusos de autoridades administrativas, legislativas, judiciales, de control, electorales, que al anteponer intereses personales o de grupos no garantizan derechos ciudadanos. Esas actitudes deslegitiman las instituciones y derrumban la democracia. El axioma parece ser: si los otros son corruptos por qué no serlo nosotros.

La política bien entendida es ciencia, conocimiento de realidades, comprensión de la heterogeneidad social, tener ideas y tesis definidas, vocación de servir, ser útil, solidario, despojarse de egos, ser objetivos. Gobernar bien es generar confianza, credibilidad, construir gobernabilidad, formar equipo de gobierno con gente capaz, honorable, experimentada.

Hay que enfrentar resueltamente a quienes creen que “ser político” es engañar, hacer lo contrario de lo que dicen, atacar o descalificar al adversario, lanzar opiniones que desvíen la preocupación ciudadana por sus necesidades o aspiraciones, preferir adulos de cortesanos olvidando responsabilidades con los gobernados, demostrar “valentía” con discursos ácidos, desabridos, altisonantes, huérfanos de sinceridad que no conducen a ningún destino; parecer temibles, hablar de honestidad sabiendo que cometen incorrecciones; aparentar que defienden la verdad y fabrican mentiras; mercadear sus ambiciones sin escrúpulo alguno aprovechando la buena fe de la gente; privilegiar el arribismo y conveniencias al carecer de convicciones y principios, evidenciando su mediocridad.

Abundan politiqueros que pretenden ser maquiavélicos sin comprender el mensaje del renombrado escritor italiano, que buscó justamente advertirnos sobre las malas prácticas políticas, no para repetirlas sino para prevenirnos acerca de que no creamos todo lo que nos dicen. Son escasos los auténticos líderes que sustentan sus acciones en ideales y valores