Angustias y soluciones

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Angustias y soluciones

El ‘know how’ (saber cómo) que caracteriza actualmente a la democracia es ajeno a la administración del Estado ecuatoriano’.

El país vive entre el optimismo de pocos y las angustias de la mayoría que no encuentra respuestas concretas a sus aspiraciones. La inseguridad personal y jurídica ganan terreno, la situación económica no mejora, el costo de vida sube, agravado por la pandemia y la guerra Rusia-Ucrania que amenaza generar una crisis alimentaria; el empleo ha decrecido desde antes de la pandemia (Dic/2019) a la actualidad; no existen políticas definidas de combate a la corrupción.

El ‘know how’ (saber cómo) que caracteriza actualmente a la democracia es ajeno a la administración del Estado ecuatoriano. La sabia lección de Kant, “el conocimiento sin experiencia es vacío y la experiencia sin conocimiento es ciega”, parecen ignorarla quienes gobiernan. Sobran palabras pero hay ausencia de atención a los complejos problemas que viven los ecuatorianos. No se observa un rumbo definido, las necesidades se acumulan, es axiomático: si no se previene hay que lamentar (amplio y frondoso es el árbol de la acción práctica, largo y estéril el de las teorías). Crecen la incertidumbre, el pesimismo, las críticas, aunque hay una especie de letargo ciudadano no atribuible a su conformidad; las personas están ocupadas y preocupadas buscando supervivir y no hay tiempo para un dedicado ejercicio de ciudadanía.

El presidente Lasso debe comprender que su elección fue producto de una mayoría que votó por mantener la democracia. Su deber es responder lealmente a sus electores, lo contrario es abonar a la amenaza real de caer en un totalitarismo irreversible. Su retórica populista no encaja en sus antecedentes de banquero, tampoco parece apropiado, ni en la forma ni en el fondo. Llame a reunión a los directivos de la función Judicial a recibir sus quejas o sugerencias, lo cual es tan desilusionador como observar al poder Legislativo dirimiendo asuntos internos a través de la justicia ordinaria.

El diálogo es un arte, un método para obtener resultados, como lo concebía Platón, pero no se observa que haya sido utilizado eficazmente. Discursos cansinos y repetitivos no son la mejor manera de paliar las angustias que viven las mayorías.