Martin Pallares | Santa Elena: así se hunde el Ecuador
Todo se resume en impunidad, mafia y corrupción.
La activista Mónika Silva y el radiodifusor Joffre Paredes han denunciado, desde hace años, los negociados de tráfico de tierras que se multiplican en la provincia de Santa Elena y ante los cuales no hay autoridad que parezca, ni remotamente, interesada en ponerles fin. Negociados en los que aparecen vinculadas autoridades locales y nacionales, con aparentes nexos con mafias de la zona, que no sería extraño que estén relacionadas con el tráfico de drogas y con crímenes que tampoco han merecido la atención de la Fiscalía ni del Gobierno. Crímenes como, por ejemplo, el del radiodifusor Robinson del Pezo, asesinado a la luz del día y en público por sicarios cuando atendía su negocio de venta de carne en Santa Elena.
Del Pezo había estado, asimismo, haciendo denuncias sobre el tema, incluyendo el caso de la venta escandalosamente fraudulenta de 93 hectáreas realizada por el alcalde de La Libertad, Francisco Tamariz, a una humilde mesera de cafetería, cuya identidad estaría siendo explotada por estas mafias con claras intenciones de testaferrismo. Poco antes de ser asesinado, del Pezo ya había sido víctima de un atentado, cuando alguien hizo explotar una bomba en su casa, luego de haber salido de la cárcel por una extraña condena por supuesta extorsión.
Dicho esto, volvamos al caso de Silva y Paredes. El jueves de la semana pasada, estos dos activistas iban a una entrevista que habían pactado con el radiodifusor Fernando Muñoz, de Radio Salinas. Pero la entrevista no pudo realizarse. Muñoz contó luego, en su programa, que horas antes unas personas con pasamontañas fueron a su casa y le hicieron gravísimas amenazas, que cumplirían en caso de que entrevistara a Silva y Paredes. Poco más tarde recibió mensajes de texto en su teléfono con nuevas amenazas. Si hacía la entrevista terminaría con la boca llena de hormigas, le decían. Resultado: la entrevista se canceló.
El episodio de las amenazas a Muñoz y la cancelación de la entrevista a Silva y Paredes no es sino un pequeño detalle de un problema muchísimo más grande y grave. Todo se resume en impunidad, mafia y corrupción, con un agravante que hace que todo sea sospechoso: ni el Gobierno, ni la Fiscalía, ni la Contraloría parecen interesados en el tema.