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Joaquín Hernández Alvarado | Los tiempos de El Mencho

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Recuperar la institucionalidad significa luchar contra la corrupción, venga de donde venga

Lo único que sabemos de cierto es que Nemesio Oseguera, alias El Mencho, líder del cartel mexicano Jalisco Nueva Generación (CJNG), falleció el 22 de febrero en un enfrentamiento con militares de ese país al intentar capturarlo. Este hecho de tanta significación para México, Estados Unidos, Canadá y países centro y sudamericanos en lucha contra el narcotráfico donde el CJNG está presente, no esclarece sin embargo cuestiones fundamentales que preocupan al ciudadano que se interroga por su significado. Hay un diluvio de informaciones y de especulaciones que ocultan más que esclarecen lo sucedido. En primer lugar, el significado de dicha muerte para la lucha contra el narco y en concreto contra CJNG, el cartel más fuerte, poderoso y de presencia internacional. La estructura de gobierno de este cartel no se maneja al estilo de los otros, por sucesión familiar. Ello hace suponer que la pérdida del hasta el domingo su líder máximo no afectará sus estrategias y tácticas.

Tampoco está claro, en segundo lugar, qué le espera a la sociedad mexicana y la de algunos países como Colombia y Ecuador, donde el cartel interviene, sobre las consecuencias de la muerte de El Mencho. Es decir, si va a haber una reacción de venganza de parte del CJNG como la que advierte y previene Raymundo Riva Palacio en El Financiero: “el estado que se atreve a tocar la cúspide paga un costo inmediato en el terreno”. Es decir, represalias directas contra las fuerzas del estado, pero también contra la sociedad civil para generar más inseguridad y miedo, es decir ingobernabilidad. En sus palabras, lo que hoy es celebrado como victoria táctica puede convertirse en derrota estratégica. Con la preocupación adicional de la celebración de los juegos del Mundial de Fútbol en junio en tres estadios, Tlalpan de la CDMX, Guadalajara y Monterrey.

En tercer lugar, parece que asistimos con la muerte de El Mencho y, no solo para el caso mexicano, a un cambio en la estrategia de “abrazos y no balazos”. El problema es que una guerra como esta no tiene hasta el momento futuro previsible, ni siquiera duración en el tiempo. Debe, además, por parte del estado, ser una estrategia que incluya batallas en el terreno militar y en el financiero y de la gobernabilidad. Uno de los mecanismos para captación de poder de los grupos narco es la corrupción que vuelve ‘flexibles’ personas e instituciones. Recuperar la institucionalidad significa luchar contra la corrupción, venga de donde venga.