Premium

Martín Pallares | Correa. Un chiflado al comando: guerra inevitable

Avatar del Martin Pallares

Esta relación económica debe ser tan potente que impide que sean capaces de entender las consecuencias de defender a Maduro

Está llegando el momento en que los desequilibrios emocionales, los desajustes psicológicos y los compromisos internacionales de Rafael Correa van a sepultar a la Revolución Ciudadana. Esto se evidencia en al menos dos factores que en la convención correísta de octubre serán irreconciliables entre los dos grupos enfrentados: el uno que es él y su ‘alter ego’ Luisa González, y el otro que es el de los cinco cuadros históricos que ahora son autoridades locales y que hace poco le enviaron una carta pidiéndole la renovación de la dirigencia y de los lineamientos ideológicos del partido.

Los dos factores innegociables que tiene esta guerra son: Nicolás Maduro, y ha sido Correa, de la mano de Luisa González, quien ha convertido a la siniestra y abominable figura de Nicolás Maduro en un factor de desgaste del correísmo. Apoyar y defender a Maduro de forma militante y estridente, como lo están haciendo en las actuales circunstancias históricas, hace que los perfiles políticos de los cuadros que pretenden ser los relevos en el partido (los abajo firmantes de la carta) se contaminen letalmente. Ahí están -nada menos que- los alcaldes de Guayaquil y de Quito, así como los prefectos de Pichincha, Guayas y Manabí. La torpe y fanática posición de Correa y González con Maduro tiene una explicación que no parece ser precisamente la ideológica: es la asesoría en materia económica que le hace Correa y que debe significar una importante suma de dinero con el que se financian las correrías de González. Esta relación económica debe ser tan potente que impide que este par de personajes sean capaces de entender las consecuencias de andar defendiendo a Maduro.

Lo otro es el cuento del fraude y la tinta voladora: Correa sigue con la lunática cantaleta del fraude, llegando al ridículo, como el que hizo hace pocos días en Bruselas: dijo que en la papeleta se había colocado repelente de tinta en el casillero de Luisa y absorbente en el de Noboa. Ni Pabel Muñoz ni Marcela Aguiñaga ni Juan Cristóbal Lloret ni Paola Pabón ni Leonardo Orlando van a ser tan estúpidos de seguirle la corriente con un cuento que les podría significar el cierre del financiamiento desde el Ministerio de Finanzas.

Paradójico pero cierto: Correa terminará siendo el sepulturero de su propia creación. Y todo por chiflado y chueco.