Columnas

Las mujeres de Dios

Así de claro fue el Señor, sin embargo, a pesar de ello y de las reformas de Francisco, las iglesias de esta ciudad no permiten a las mujeres sostener la Patena...

Un espacio sin dominación masculina parece ser una utopía y por eso es una lucha de siglos. ¿Acaso no se sigue viendo a la mujer como fuente de tentación, de pecado, frívola, sensual, chismosa y desordenada? La sexualidad femenina sigue siendo tormento para las mentes dominantes y para cierto sector religioso.

Tristemente hay que reconocer que ni Pedro ni Pablo, pilares de la Iglesia católica le reconocieron el lugar de María de Magdala. No debió ser fácil para Pedro no ser el primero en atestiguar el cuerpo glorioso de su amigo Jesús. Pablo, doctor de la Iglesia, patricio, no nombra a Magdalena en sus textos de Jesús resucitado, a pesar de que ella, la amiga de Cristo, era presentada, en los siglos II y III, como una mujer que había comprendido completamente el misterio de Jesús, y lo transmitía a los discípulos, aunque Pedro y otros no aceptaban tener que escuchar a una mujer acerca de secretos que ellos ignoraban (José Antonio Pagola, teólogo).

Después de que la Iglesia asegura que Magdalena fue prostituta, un sector de la sociedad crea la ficción de las relaciones sexuales con Jesús. ¿Por qué? Porque sigue siendo la sexualidad el criterio para clasificar a las mujeres.

Jesús no soporta la hipocresía de los varones alrededor de la pecadora a quien quieren matar a piedrazos. Y no la resiste ahora tampoco, por si acaso a alguien se le olvide, como se están olvidando de que las amigas de Jesús permanecieron fieles, aun en la cruz, lo que no hicieron los varones. Fueron movidas por un Amor que les fue entregado gratuitamente, que las liberó para siempre. Vivieron la experiencia de saber que Dios las amó primero y que su Reino no es patriarcal.

No he visto una ilustración de la última Cena con sus amigas. No necesito verla, sé que ellas estuvieron ahí, así como sé que Él sigue con nosotras. A Jesús le encanta tener amigas, en especial para ayudarlas a despojarse de esa condición de inferioridad sembrada por el machismo.

Así de claro fue el Señor, sin embargo, a pesar de ello y de las reformas de Francisco, las iglesias de esta ciudad no permiten a las mujeres sostener la Patena, porque eso solo lo pueden hacer los varones.