Columnas

Mujeres complicadas

"Mujeres que no aceptan segundos planos, que guerrean por vivir con libertad e igualdad"

El otro día mientras caminaba por la playa (descripción geográfica del suceso que voy a contar para transmitirles el estado pacífico en el que reposaba mi mente), un par de amigos me participan de su conversación. El tema: lo complicadas que eran sus hijas solteras. Aún me cuestiono si hice bien en lanzar mi primera pregunta : ¿por qué creen ustedes que sus hijas son complicadas?

Porque sí, respondieron ambos. Insistí y les pedí un ejemplo. Cada uno aportó. El primero me contó que sus hijas conversan mucho con amigas casadas y estas, a su vez, les cuentan cómo se sienten al convivir con ciertas groserías y lo que les cuesta los días de indiferencia que sus parejas les atribuyen a “confusiones existenciales”.

Mi otro amigo dijo que sus hijas examinaban demasiado a sus pretendientes, que si es que bebían o no en exceso, si tenían emprendimientos, cómo las miraban, y/o si colaboraban en cosas de casa.

¿Qué de complicado tiene asegurarse de que no te casarás con una persona adicta y/o maníacodepresivo o con alguien que quiera una esposa para que le sirva?

En términos generales, la respuesta de ambos fue que yo no iba a entender porque yo soy feminista, tal cual un estigma, y que en el matrimonio hay crisis, y eso hay que aceptarlo, en especial las mujeres.

Otra cosa a la que no le encuentro respuesta es saber a quién se le ocurrió que las mujeres tienen que convertirse en psicoanalistas a domicilio de sus parejas, sea para curarlos o terminarlos de criar sirviéndoles.

¿Cuántas mujeres “complicadas” nos han mostrado ser dichosamente felices y ampliamente realizadas en su profesión? Enamoradas o no, han conquistado grandes batallas.

¿Acaso no somos de un país que parió a Matilde Hidalgo de Procel, Manuela Espejo, Manuela Sáenz? ¿Cuántas otras guerreras hay a nuestro alrededor, ahora? Mujeres que no aceptan segundos planos, que guerrean por vivir con libertad e igualdad. No, no son complicadas, pero sí complican la vida a quienes viven en reglas que deben, por el bien del mundo, romperse a perpetuidad.