Columnas

El futuro

Creo que sí y mientras más creamos ello, tendremos más posibilidades de no estar condenados al futuro cercano de un mundo vacío, robótico e inmoral.

No había cumplido ni doce años y decidió quitarse la vida en su domicilio, ubicado en una zona al sur de la ciudad y para nada privilegiada. No hizo anuncio previo ni expresó desilusión de nada. Fueron sus hermanas las que encontraron el cadáver y fue su madre la que llamó a la Policía. Las autoridades retiraron el cadáver y anotaron que no tenía señas de violencia ni maltrato físico en su cuerpo, por lo que sospechan que se ahorcó a causa de algún juego o competencia perversa, de esos que cíclicamente se ponen de moda en redes para niños y jóvenes.

Dos niñas fueron abusadas por un amigo de la familia, bajo engaño y amenaza las obligaron a guardar silencio. Un día las niñas pudieron hablar y hoy la condena judicial obliga al agresor a encarcelamiento varios años. Sin embargo, esa condena es la excepción, la mayoría de los violentos siguen libres.

En la pandemia actual los niños están condenados al aprendizaje a través de la tecnología y a pasar horas frente a los juegos electrónicos para que no se aburran. Dicho de otra manera, no tienen cabida a espacios humanos que nutren el alma, como el diálogo, la lectura compartida, los paseos, ensuciarse en el patio. Navegan en el mundo cibernético sin mucha calidez, sumergiéndose en una realidad que no es real, una “realidad” que hemos inventado, que de paso produce mucho dinero, pero que inventamos porque no hemos podido lidiar eficientemente con las relaciones humanas.

A los niños les ofrecemos un mundo de padres que roban la luz, que contratan contadores para pagar menos impuestos, que sueñan, ebrios y sobrios, con el dinero y poder suficiente para acceder al éxito y, desde hace mucho tiempo, a un lenguaje violento y discriminador, Luego, cuando se convierten en adultos y avergüenzan a su familia por sus indecencias, se resienten porque esos hijos no valoraron el inmenso esfuerzo que hicieron para educarlos.

¿Estamos a tiempo de redireccionar nuestro ejemplo y estilo de educación? Creo que sí y mientras más creamos ello, tendremos más posibilidades de no estar condenados al futuro cercano de un mundo vacío, robótico e inmoral.