Premura

  Columnas

Premura

"Una vacuna para una población de 7.500 millones jamás ha sido utilizada y deberá planificarse adecuadamente su producción, transporte, almacenamiento y distribución, para que esta no se deteriore durante la duración del circuito elaboración-aplicación"

Preocupa la posición delirante de la humanidad obsesionada porque le apliquen la vacuna anti-COVID-19, para liberarse de la tortura pandémica.

Elaborar una vacuna no es como envasar agua bidestilada, en tratándose de un proceso complejo, que requiere una preparación rigurosísima, amparada en un basamento científico operacional, sustentado en una infraestructura con tecnología de punta.

Una vacuna contrarresta los efectos de un invasor, siendo elaborada a base del propio agresor que, científicamente atenuado, es inyectado con el propósito de estimular el sistema defensivo del organismo y así evitar que la enfermedad se desarrolle al producirse un ataque del microorganismo causal.

Ninguna de las vacunas que se ofertarán al mundo ha cumplido con los protocolos de investigación y aplicación que se requieren y por ende, todos vamos a ser sujetos de experimentación al recibir un biológico a base de un virus desconocido, del que sabemos que se trata de un agente tremendamente agresivo y devastador, ignorándose totalmente cómo afecta a nuestro sistema inmunológico.

Una vacuna antes de ser comercializada pasa por un proceso de observación y análisis mínimo de 1 a 2 años, para conocerse su comportamiento y efectos. De aquellas que pretenden aplicárnoslas no se sabe nada y este delirio universal está empujando a la industria farmacéutica a hacer cosas antitécnicas y altamente riesgosas.

Ya comenté en un editorial anterior el tiempo que se han demorado en fabricar ciertas vacunas para estar seguros de que entregaban un biológico seguro y bien probado.

Respecto de las vacunas que pretenden aplicarnos, ignoramos su potencia, desconocemos la duración de su protección, nada sabemos sobre la posibilidad de efectos secundarios mediatos o tardíos; seremos los conejillos de indias del siglo XXI.

Una vacuna para una población de 7.500 millones jamás ha sido utilizada y deberá planificarse adecuadamente su producción, transporte, almacenamiento y distribución, para que esta no se deteriore durante la duración del circuito elaboración-aplicación. ¡Paciencia y a cuidarse!

Y sigo andando…