El pasillo

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El pasillo

Acaba de declararse al pasillo, como patrimonio inmaterial de la humanidad, lo cual ha sido motivo de inmensa satisfacción y goce para los ecuatorianos...

Acaba de declararse al pasillo, como patrimonio inmaterial de la humanidad, lo cual ha sido motivo de inmensa satisfacción y goce para los ecuatorianos; sin embargo, durante las remembranzas, se resaltaron los méritos de los intérpretes que tuvieron la oportunidad de entonar tan excelsas creaciones, habiéndose omitido los nombres de quienes fueron sus autores y compositores, sin los cuales no habría existido el género musical denominado pasillo, ni la posibilidad de ser motivo de una interpretación artística.

Carlos Silva Pareja, nacido en Guayaquil el año de 1909, se inspiró creando la partitura musical de los poemas Amanecer cordial, de Medardo Ángel Silva; Piedad, de Pedro Enrique Rivadeneira; El último beso y El dolor del olvido, de Armando Martínez Guerrero; entre otros, habiendo sido el autor de la música de Lirios marchitos, del poeta Martín de la Selva, en una de cuyas estrofas escuchamos:

Bellas historias de un amor ya ido.

Recuerdos de mujeres que me amaron.

Labios que apasionados, me besaron.

Todo lo cubre el manto del olvido.

Fue premiado ‘post mortem’, en un festival internacional con la música del pasillo Amor en agonía, cuya letra fue autoría del poeta declamador Luis Lupino Oviedo, habiendo sido honrado a nivel nacional el año 2009, con la emisión del sello postal correspondiente a la serie de Ilustres Ecuatorianos.

Al momento de recibir tan importante reconocimiento por parte de la Unesco, en un acto de elemental justicia, debieron las autoridades revisar cuando menos la historia del pasillo para aprovechar ese espléndido momento, para brindar un verdadero homenaje a quienes en realidad fueron sus egregios creadores, gracias a momentos sublimes de extraordinaria inspiración.

Don Carlos Silva Pareja, el último de los artífices de tan maravillosa poesía y música, se fue al más allá, y desde la eternidad seguiremos deleitándonos con esos acordes que taladran el alma e inmortalizan los recuerdos.

¡Loor al pasillo ecuatoriano!

Y sigo andando…