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Naufragio...

La Canoa ha naufragado; sin embargo, el soplo del espíritu guayaquileño, aunado al entusiasmo y dedicación de Aldo y a una atenuación de la pandemia...

Fue impactante para quienes habitamos la Perla, la noticia del cierre de las instalaciones del hotel Continental en febrero del 2020, posteriormente de su ambiente privado y restaurante El Fortín, y recientemente de La Canoa, luego de décadas de servicio a la comunidad, en medio de un ambiente único, típico y clásico al mismo tiempo, que de poder hablar nos contaría de las reuniones de amigos, de negocios, de faranduleros, trasnochadores y clientes de todo tipo que “embarcados” en ella, disfrutaron de momentos de camaradería inolvidables, al mismo tiempo que degustaban platos propios de la cocina criolla, de sabor exquisito y excelente preparación.

Como médico, siempre preocupado de la higiene, bajé una vez a las instalaciones de la cocina, encontrando un ambiente con una disciplina y limpieza casi de quirófano a cargo de un jefe, don José Loor, que impartía órdenes a diestra y siniestra con gran conocimiento y haciendo gala de su experiencia culinaria; resultando importante agregar, que jamás alguien se enfermó luego de haberse servido alimentos en La Canoa.

Quienes concurríamos, sabíamos que a veces era difícil encontrar un lugar para sentarse, sobre todo en el área donde funcionaba el aire acondicionado. La variedad de platos era grande, pues había cerca de unas 100 opciones para agradar al cliente, destacándose los ceviches, el tradicional seco de chivo, el caldo de manguera y el de bola, el arroz con menestra, carne asada y patacones y el maduro con cuajada, platos todos espectaculares.

Resulta importante recalcar, que Aldo Bruzzone en su condición de gerente, implantó una política formativo-asistencial muy rígida, convirtiendo al hotel Continental en una verdadera escuela hotelera, siendo su porte gentil y de puertas abiertas, muy apreciado y reconocido en la ciudad.

La Canoa ha naufragado; sin embargo, el soplo del espíritu guayaquileño, aunado al entusiasmo y dedicación de Aldo y a una atenuación de la pandemia, estoy seguro que la reflotarán, para entregarla otra vez al servicio de quienes la quisimos y ahora la extrañamos. ¡Paciencia y fe!

Y sigo andando…