Columnas

La Contraloría

Les he relatado una experiencia macabra, desnudando a funcionarios de la Contraloría; ahora, repasaremos algunas verdades de importancia.

Cuando alguien se entera de que su gestión será evaluada por la Contraloría, tiembla, pensando en las consecuencias y tratará de minimizar o neutralizar el contenido de la Auditoría o Examen Especial a que será sometido, transformando la responsabilidad penal en civil y esta en administrativa, para salir airoso. Al igual que en un menú de restaurante, para estas “opciones” los auditores venales tenían un precio.

Al auditarse a un grupo de funcionarios, como en mi caso (fueron 22 en total), la política era la de ofrecer ayuda a los peces “pequeños”, con la condición de que incriminen a los peces “gordos” y de esta manera caerles a mansalva.

Conocedor de sus trucos, solicité a mis funcionarios que al ser interrogados respondiesen estereotipadamente: “no sabemos nada, pregunten lo que deseen al Dr. Luis Sarrazín”; de esta manera, yo tomé las riendas del proceso.

Existen sin duda auditores honestos que investigan de manera idónea y profesional los procesos a su cargo; sin embargo, había miserables capaces de todo y fueron ellos los que para congraciarse con los ministros solicitantes (++) no solo no hicieron una auditoria correcta, sino que para incriminarme inventaron los hechos que he relatado y jamás entregaron el informe final.

Si antes el control interno de la Contraloría era complicado por las innúmeras “filtraciones” existentes, hoy la situación es gravísima ante una corrupción que elevándose desde los niveles inferiores, ha alcanzado cual espuma maldita los estratos de mayor jerarquía, al convertir a ciertos contralores en jefes de una mafia perversa, desorganizadora, o en vulgares hampones traficantes de influencias que gozarán de un enriquecimiento ilícito descomunal; siendo lo más gracioso que una vez cumplidas las penas que les sean aplicadas podrán ir a gozar de la buena vida en una playa de Hawái, bebiéndose un “coco-loco” a la sombra de una palmera con recursos nuestros que jamás serán recuperados.

Y sigo andando…