El circo

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El circo

Unámonos en la lucha en pro de una Legislatura que no nos avergüence y, reivindicándola, se convierta otra vez en un órgano respetado y respetable, orgullo del Ecuador

Compitiendo con el Circo Internacional y el de los Hnos. Gasca, el Pandora Circus nos ha alegrado el período vacacional que acaba de fenecer y del que hemos disfrutado a plenitud, al haber demostrado ante el público una extraordinaria capacidad bucólica, afirmando lo inexistente y proclamando la falsedad e inexactitud de los hechos, cual hábiles y bien preparados payasos que pretendieron como el acto estrella de la función, una especie de danza sobre papeles parecida a la del vientre, pero totalmente desacompasada, sin ningún fundamento ni sentido.

Sería justo, en la futura organización del cuerpo legislativo de la nación, poner un cupo para títeres o payasos para que amenicen y diviertan al pueblo haciendo el ridículo con sus estupideces y así no se pierda tan tragicómica experiencia. Deberíamos poner algún apodo o alias a los más destacados, para evitar olvidarlos y con el mote recordarlos para siempre, como frijolito, orejita, miente miente, mamertito, lenguaraz, tontín, etc.

Cualquier galeno se siente orgulloso de acertar un diagnóstico y como tal, me siento complacido al haber afirmado categóricamente en mis dos últimos editoriales sobre ciertos asambleístas que con total desparpajo dicen no estar conspirando y carecer de consignas de desestabilización, siendo en realidad verdaderos engendros, para quienes la patria nada significa y que desde la etapa preelectoral, hasta el momento de ocupar una curul, ya tienen decidido a quién combatir, torpedear y declararle una oposición frontal, irreflexiva o sectaria, con la finalidad de destruirlo a toda costa.

Mandrake se sentiría avergonzado al contemplar cómo anencéfalos y acémilas bípedas han sido tan hábiles para desconocer certificaciones de organismos del exterior, inventar conclusiones y emitir un documento que avergonzaría a un verdadero letrado, lanzado al aire con una temeridad propia de la ignorancia atrevida.

Unámonos en la lucha en pro de una Legislatura que no nos avergüence y, reivindicándola, se convierta otra vez en un órgano respetado y respetable, orgullo del Ecuador.

Y sigo andando…