Columnas

Vivir la Cuaresma

"Se vienen tiempos más difíciles, Dios nos necesita más fuertes"

Es Cuaresma y aunque nuestra mente esté en la política, la crisis, la angustia, las inundaciones, la enfermedad, la soledad, la inseguridad, debemos obligarnos como buenos cristianos a terminar de vivir los días que nos quedan de ella como ese tiempo de colaborar, agradecer, creer, esperar y amar.

Esta prolongada crisis mundial debe hacernos, obligadamente, compadecernos y sufrir también cuando nuestro prójimo está angustiado, solo, desempleado, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad. Busquemos en estos días cómo podemos ejercer la caridad con nuestros cercanos dolientes, con los más pobres que hoy se encuentran con seguridad con heridas que podemos aliviar.

Para lograr cumplirlo necesitamos primero fortalecernos nosotros mismos, y para conseguir aquello debemos hacer el esfuerzo de reconocer nuestras bendiciones.

A diario pedimos y recibimos bendiciones de la mano de Dios.  Desde la fortaleza espiritual y física para enfrentar otro día de enfermedad nuestra o de nuestros allegados, hasta el camino para poder llevar el pan a la mesa de los hijos. Y otro ciento de bendiciones que no solemos valorar. ¿Estamos vivos? Es una bendición. ¿Estamos sanos? Es una bendición. ¿Tenemos familia? Es una bendición. ¿Tenemos dónde dormir? Es una bendición. ¿Tenemos alimentos en nuestra mesa? Es una bendición. ¿Tienes amigos? Es una bendición, y puede ser que recibas tú muchas más. ¿Alguien de tu familia salió bien de un problema de salud? Es una bendición.

Una buena práctica diaria es al ir a dormir, en esta especial Cuaresma, que revisemos esas bendiciones que, en el día que muere, Dios nos ha regalado. Aprovechemos ese pequeño análisis diario para cargar las baterías, pues al día siguiente esta cultura de la inconformidad y negativismo volverá como una avalancha. Nuestra fortaleza en nuestras bendiciones nos hará vivir un día más de Cuaresma en ese real espíritu de colaborar, agradecer, creer, esperar y amar. Se vienen tiempos más difíciles, Dios nos necesita más fuertes. Debemos esforzarnos por llegar a la Semana Santa siendo cada día mejores seres humanos.