Columnas

Renacer

"Somos fuerza, nos levantamos del suelo con cada golpe; somos luz, porque tenemos pasión por la vida; somos calor, porque sabemos proteger a los nuestros..."

Puedo imaginar el impacto que genera en muchos de ustedes ver a la iglesia de la Asunción en llamas a manos de ultraizquierdistas de Chile. Puedo suponer que también sintieron repulsión de oír a los violentistas corear “muerte al Nazareno, muerte a la Iglesia”, al mismo tiempo que se desplomaba la cúpula de la parroquia. Lo curioso es que en la mente de esos antisistema, ronda la idea de que con ello destruyen a la religión. Vale la pena ilustrarles que no es así. Que somos los cristianos los templos vivientes de Dios, y que a pesar de que históricamente sabemos convivir con el menosprecio y la burla, ese templo se despierta cada día cuando amanecemos dándole gracias a la Divina Providencia por ese día más, cuando vemos la sonrisa de nuestro entrenador, de nuestro chofer, de nuestra prima, que nos recuerda la plenitud de la vida. Cristo renace en ese templo diariamente.

Así le ha pasado a Guayaquil. Invasiones, fuegos, terremotos, ataques piratas, pandemias y centralismo inmisericorde la han devastado, dejándola en cenizas muchas veces. Pudieron pensar que con ello se daba muerte a la ciudad. Muchos centralistas probablemente aplaudieron pensando que de esta no sale la capital económica y productiva del Ecuador. Vale la pena ilustrarles que no es así. Somos los guayaquileños la esencia viviente de nuestra historia, de nuestro presente y de nuestro futuro. Así cada 9 de Octubre renovamos ese espíritu luchador que nos anima a ser cada día mejores ciudadanos, y puestos en pie, la volveremos a reconstruir una y mil veces más.

Así somos los humanos, ¿cuántos incendios, terremotos, ataques, ofensas, y agresiones hemos vivido en nuestro interior? Muchos pudieron pensar que con ello nos habían destruido. Vale la pena ilustrarlos que no es así. Somos fuerza, nos levantamos del suelo con cada golpe; somos luz, porque tenemos pasión por la vida; somos calor, porque sabemos proteger a los nuestros; somos indomables, pues aún tenemos una misión que cumplir. Ni la Iglesia, ni Guayaquil, ni nosotros seremos destruidos por fuerzas externas. Renaceremos cada vez.