Columnas

El Efecto Cobra

"Siebert, un economista alemán, escribió los casos, en su libro El Efecto Cobra, o cuando las políticas o intervenciones públicas, lejos de solucionar un problema, lo incrementan"

Cuando los británicos aún estaban regentando India, la ciudad de Delhi amanecía infestada por una increíble plaga de cobras. El gobierno británico, aterrado por la plaga venenosa que había creado un gran problema sanitario, ofreció un programa para pagar una recompensa por cada cobra muerta que fuese entregada. Si bien funcionó y los primeros días cientos de serpientes fueron entregadas muertas, la población vio un buen negocio en la iniciativa, y emprendieron criaderos de cobra como una fuente de ingresos. Curiosamente, el número de cobras muertas aumentaba tanto que las autoridades se percataron de la creatividad popular y cancelaron el plan de recompensa. Los criadores, al ver que sus serpientes ya no tenían ningún valor, las soltaron, con lo cual las calles se repletaron de animales, generando un problema sanitario mil veces peor que el escenario previo.

A los franceses les pasó algo similar, esta vez en Hanói, Vietnam, y con ratas. Los franceses pagaban por las colas de las ratas, hasta que se dieron cuenta de la proliferación de ratas sin colas por las calles. La población capturaba las ratas y les cortaban la cola, para que sigan procreándose y así mantener el buen negocio. En el 2001, Siebert, un economista alemán, escribió los casos en su libro El Efecto Cobra, o cuando las políticas o intervenciones públicas, lejos de solucionar un problema, lo incrementan.

Traigo el caso al escuchar la propuesta del candidato del correato, que propone una renta mínima mensual de 400 dólares digitales a un millón de pobres, sin contraparte de trabajo a cambio. Esa propuesta está en análisis en economías fuertes con reservas importantes que permitan el éxito de la medida, no en economías precarias y en permanente riesgo de crisis económica como la que tenemos en Ecuador. El punto entonces es que, sin mucho análisis, sin medir las consecuencias, se propone una medida directa de subsidio y desincentivo atroz al espíritu emprendedor, que es justamente la única hoja de ruta que nos salvará del descalabro. Pueblo del Ecuador, ¡tápate los oídos a esos cantos de sirenas!