César (segunda parte)

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César (segunda parte)

Los que nos quedamos aquí, sabemos que tú no dejarás de interceder por este pueblo, a quien le diste un nuevo aliento. Así como Dios te amó, Dios te oirá

El 30 de abril te escribí mi felicitación sobre el gran logro que nos regalaste en vida. El tener ese 11 de abril, el día del abrazo, una nueva liberación. Esta vez nos ayudaste a independizarnos de las garras del socialismo del siglo 21. No me imaginé entonces que solo pasarían tres meses hasta que Dios decidiera que necesitaba a su lado a un guerrero incansable como tú. Ante mi columna me respondiste. “Siempre consideré a Lourdes Luque una dura pero objetiva observadora durante el proceso de construcción de esta década de esfuerzo ciudadano. Agradezco este gran detalle publicado hoy en Expreso. ¡Nos llena el corazón de ánimo y nos obliga a seguir luchando con responsabilidad!”. Y así lo hiciste. Seguiste luchando con responsabilidad hasta el último momento de aliento.

Al leerme donde estés, quiero decirte que tú veras cómo poco a poco todos los ciudadanos reconocerán que tal como lo dice nuestro himno, fuiste la aurora que nos anunció la libertad. Solo les bastará comparar al gobierno actual con la pesadilla de la década mortal. Fue fascinante el escuchar a tus amigos referirse a ti como un prócer valiente y digno, que contribuyó al engrandecimiento de nuestro Ecuador.

Al acercarme a Mechita le dije que escribiría sobre cuánto Dios te amó: te dio una familia formidable, hijos maravillosos, padres amorosos y amigos que… destruye el corazón verlos sin ti.

Pudiste en vida tener lo mejor de los mundos, haber sido un excelente ejecutivo de la cámara más importante del país, y por esa sensibilidad política pudiste prever que la solución estaba en cruzar esa línea roja hacia la política.

Y encontraste entonces a otro hermano. Aquel que no vivirá un solo día de su gobierno sin pensar en ti, sin agradecerte tu absoluta lealtad y compromiso. Y Dios te permitió la inmensa dicha de verlo convertirse en presidente del Ecuador. Y Dios te permitió ser un político firme en la Asamblea o los días que estuviste de ministro de Gobierno.

Los que nos quedamos aquí, sabemos que tú no dejarás de interceder por este pueblo, a quien le diste un nuevo aliento. Así como Dios te amó, Dios te oirá.