Columnas

Esmeraldas, Manta y Salinas

Las decisiones se toman por el beneficio común, conseguir que un maravilloso país lleno de riquezas naturales logre que todas sus áreas sean protegidas, pero también que pueda salir de la pobreza y aspirar a un futuro mejor

Este feriado fue tan largo que logramos conversar en familia de muchas cosas y mientras viajábamos de Bahía a Olón por una competencia de aguas abiertas (el cruce de San Vicente, Bahía), en la que nuestra hija Amanda participó, hablamos de la precariedad de toda la franja costera. Bahía está bonito, con un lindo malecón, locales de comida bien presentados y la mayoría de las edificaciones reparadas. Lo que marca negativamente a nuestra costa es la inseguridad, la falta de mantenimiento de nuestras carreteras, el alcantarillado y el clima. No podemos pretender inversión extranjera si las condiciones básicas no son las idóneas y además de todo lo que falta, los pueblos siguen estando abandonados por sus alcaldes. Tenemos solo turismo interno, porque estamos acostumbrados a recibir lo que hay y la naturaleza amortigua las fallas humanas. A los gobiernos no les ha interesado el desarrollo de nuestra costa y creo que es indispensable empezar, para crear trabajo, desarrollo y oportunidades durante todo el año y no solo unos meses. Se tiene que lograr un desarrollo sostenible y para que haya inversión extranjera se debe dar facilidades e incluir a los presidentes de las comunas, porque son ellos los que viven la realidad. Las tres ciudades, Esmeraldas, Manta y Salinas, deberían ser puertos libres, zonas especiales de desarrollo económico (ZEDE) y ciudades de los casinos, que están encadenados con el desarrollo de espectáculos y conciertos. Estas tres ciudades también serían zonas francas para desarrollar productos exportables. Con el dólar como nuestra moneda tendríamos que ser una fuerza económica de la región y no lo hemos aprovechado. Las tres ciudades tienen aeropuertos a los que pudieran llegar aviones directamente, tanto para hacer negocios como por diversión. Nadie invierte actualmente en el turismo costero, pero logrando que estas ciudades sean escogidas como ZEDE la vida de mucha gente cambiaría y muchos jóvenes no inmigrarían. Las decisiones se toman por el beneficio común, conseguir que un maravilloso país lleno de riquezas naturales logre que todas sus áreas sean protegidas, pero también que pueda salir de la pobreza y aspirar a un futuro mejor.