Amenazas

  Columnas

Amenazas

Evaluemos a las personas por sus logros y no por lo que hacen con su vida privada o cómo decidan vestirse

En la historia existieron mujeres poderosas que fueron juzgadas por no acatar órdenes de los hombres y no obedecer las normas de la sociedad; generalmente algunas terminaron sus vidas siendo asesinadas. La tesis de mi maestría en escultura abordó la interpretación tridimensional de la vida de Juana de Arco y cómo ella simboliza actualmente esa lucha permanente que muchas mujeres contemporáneas tienen que vivir para lograr sus sueños. En 1425 Juana de Arco escuchó las primeras voces que le susurraban que vaya donde Carlos VII, rey de Francia, para proponerle que ella recupere el reino y las ciudades arrebatadas por los ingleses. El rey la escuchó y en 1429 le otorgó un ejército para liberar algunas ciudades del yugo inglés. Juana de Arco lideró el ataque siendo herida en la pierna y el hombro por flechas. A pesar de estar herida continuó batallando con su ejército, recuperando varias ciudades. Los nobles franceses le tenían mucha envidia y junto con algunos soldados planearon una emboscada y la entregaron a los ingleses. La condenaron a prisión de por vida por ser hereje y supuestamente practicar brujería, obligándola a que se saque su armadura, cortándole el pelo y poniéndole un vestido blanco. El vestir como guerrera le dio a Juana de Arco mucha fortaleza, era su escudo ante agresiones sexuales por parte de su ejército, y al quitárselo la hicieron vulnerable. Fue violada en su celda continuamente, desponjándola de su dignidad. Al final la quemaron viva con su vestido blanco. Mi tesis comparaba a Juana de Arco con la mujer contemporánea, que trata de encajar en un mundo de hombres vestida con trajes sastres, tratando de camuflarse. Existe el caso de varias mujeres que se sacaron la armadura, porque se liberaron, se empoderaron, pero las critican. La historia nos enseña a no repetir comportamientos, pero seguimos haciéndolo porque nuestra memoria es frágil y muchos las ven como amenazas, porque son mejores. Evaluemos a las personas por sus logros y no por lo que hacen con su vida privada o cómo decidan vestirse. Aprendamos de nuestros errores y reconozcamos los éxitos de muchas mujeres que siguen luchando por la igualdad en un mundo de hombres.