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Lloro por ti, Argentina

La inflación ha sido del 38,5 % los últimos doce meses, el peso argentino no deja de devaluarse, la reserva del Banco Central no llega a $ 3.000 millones y cuatro de cada 10 argentinos viven en pobreza.

Para muchos Argentina era un pedazo de lo mejor de Europa en América. Está casi derrumbada desde el año pasado. Ha tenido la contracción más grave del continente si no se toma en cuenta a Venezuela.

La inflación ha sido del 38,5 % los últimos doce meses, el peso argentino no deja de devaluarse, la reserva del Banco Central no llega a $ 3.000 millones y cuatro de cada 10 argentinos viven en pobreza. En pocos años ha experimentado una inflación media de 105 % anual y ha cambiado cinco veces de moneda. Desde 1980 ha suspendido cinco veces los pagos de deuda externa y es ahora el principal deudor del Fondo Monetario Internacional. En diciembre de 2019, cuando el peronista Alberto Fernández asumió la presidencia, las cosas estaban mal. Argentina había recaído en la suspensión de pagos y llevaba tres años en recesión. A las pocas semanas llegó la pandemia. El ministro de Economía batalla en dos frentes: uno, la deuda con acreedores privados e intentar que el FMI acceda a dilatar la devolución de su crédito. El otro frente aún más complejo: ¿cómo subsidiar a empresas y ciudadanos afectados por el coronavirus? Sin acceso a mercados de crédito tuvo que recurrir a la pura fabricación de dinero. El Banco Central emitió durante 2020 más de 1,2 billones de pesos (fueron contratadas imprentas en Brasil y España porque las dos fábricas argentinas de moneda trabajaban las 24 horas).

Argentina exporta poco más de $ 60.000 millones, básicamente granos y carne, e importa una cantidad semejante. Cuando en las primarias de agosto de 2019 se constató que el peronismo regresaría al poder, los mercados bursátiles se hundieron, el peso se devaluó 38 % y hubo que restablecer control cambiario (“cepo”) para evitar el colapso. La desaparición del turismo ha agravado la falta de dólares.

Argentina no logra superar la contradicción histórica entre las necesidades de su agricultura (gran generadora de dólares, altamente competitiva en el mercado internacional y partidaria del libre comercio), y su industria. Apostó por la sustitución de importaciones y desde mediados del siglo XX empezó a producir artículos de todo tipo para no tener que comprarlos fuera. La industria argentina fue fomentada y protegida. El coste logístico es enorme. Sale más barato enviar un contenedor a China que traer un camión desde la provincia de Catamarca; además, la fuga de talento al exterior es continua.

Buenos Aires, su capital, con su gran atractivo turístico, teatros, óperas, espectáculos de primera; Bariloche, Mar del Plata, etc.; tendrá que esperar bastante, hasta que Argentina vuelva a ser uno de los países más atractivos de América.