La unión hace la fuerza

  Columnas

La unión hace la fuerza

Incluso los países que fundaron la ONU a principios del siglo XX para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la Tierra se están volviendo nacionalistas.

La pandemia exacerbó el nacionalismo. Italia estuvo sola en los momentos más difíciles, pero después, los líderes de Francia, Alemania y de las principales autoridades de la Unión Europea impulsaron la emisión de bonos europeos para que los países con menos recursos de la unión accedan a financiamiento, permitiendo que sea la cohesión y no la separación la que remedie la crisis.

Los nacionalistas alegan que los organismos de cooperación multilaterales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), fueron ineficaces. La realidad es que esa institución tiene un presupuesto bajo en relación con la magnitud de lo que enfrenta y ningún poder coercitivo. Su error fue haber demorado en declarar la emergencia por coronavirus. Después, la OMS entregó equipos de protección y kits de pruebas a 133 naciones. Fue la habilidad para mover rápidamente dinero y equipos médicos alrededor del planeta lo que redujo la morbilidad. La información científica y las mejores prácticas fluyeron internacionalmente. Los países que fueron ineficientes en el manejo del COVID fallaron por falta de liderazgo y gestión, no por defectos en el sistema internacional.

Incluso los países que fundaron la ONU a principios del siglo XX para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la Tierra se están volviendo nacionalistas. Los algoritmos de búsqueda en internet radicalizan a sectores de la población hasta la violencia. Vemos hacia el interior, en lugar del exterior. Para que tenga autonomía, a la OMS hay que otorgarle más recursos, no menos.

Durante la Guerra Fría el intercambio comercial entre la Unión Soviética y Estados Unidos era de dos billones de dólares anuales. Esa es la cifra que hoy intercambian diariamente China y EE. UU. Estamos superinterconectados, por lo que es vital colaborar en solucionar problemas comunes como emergencias de salud, calentamiento global, escasez de agua y seguridad energética, que requieren de las mentes científicas y estrategas más lúcidos del mundo para resolverlos. Si no encontramos un marco de cooperación, afrontaremos una competencia de nacionalismos que pueden llevar a genocidios.