Premium

Juan Carlos Díaz Granados: El precio de ignorar el riesgo

Avatar del Juan Carlos Díaz Granados

Porque cuando no hay prevención suficiente, las crisis no desaparecen

Ecuador es un país donde el riesgo no es una posibilidad remota sino una constante. Terremotos, inundaciones, fenómenos climáticos extremos y otros eventos adversos forman parte de nuestra historia reciente. Aun así, seguimos siendo una sociedad que reacciona frente al desastre, pero que todavía no desarrolla una verdadera cultura de gestión de riesgos.

Lo preocupante no es solo la frecuencia de estos eventos, sino que aún discutimos poco quién asume realmente sus consecuencias económicas. Porque alguien siempre paga. Cuando una familia no tiene su vivienda asegurada, o cuando quien sostiene el hogar no cuenta con seguros de vida o salud, el riesgo recae directamente sobre sus dependientes. Cuando una empresa carece de cobertura suficiente, el resultado puede ser el cierre del negocio y la pérdida de empleos. Y cuando los efectos son mayores, el costo muchas veces termina trasladándose al Estado y por tanto a los ciudadanos, mediante impuestos, deuda o menor inversión pública.

Ignorar el riesgo no elimina su costo; solo hace que sea más caro cuando llega.

En economías más desarrolladas, los seguros cumplen un rol que muchas veces pasa desapercibido: permiten una recuperación más rápida, protegen la continuidad de los negocios y reducen el efecto fiscal de los eventos catastróficos. No se trata solo de indemnizaciones, sino de estabilidad económica.

Los seguros son, en esencia, una forma inteligente de distribuir el riesgo antes de que ocurra la crisis. Pero para que este sistema funcione también se necesita confianza: reglas claras, seguridad jurídica y mecanismos eficientes para resolver controversias. También más prevención, coordinación entre el sector público -incluidos los gobiernos autónomos descentralizados- y el sector privado, junto al uso de tecnología para anticipar riesgos.

Los países resilientes no son los que tienen menos riesgos, sino los que mejor se preparan. Ecuador necesita avanzar hacia una cultura donde gestionar riesgos sea parte de su estabilidad económica. Porque cuando no hay prevención suficiente, las crisis no desaparecen. Solo se vuelven más costosas. Ese es el verdadero precio de ignorar el riesgo.