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Yunda, el político descarado

Yunda no tiene alzhéimer. Sencillamente es autor de un método nada sofisticado -pero que él cree efectivo- que lo autoriza a no saber nada de lo que ocurre en el Municipio’.

¿Se va Jorge Yunda de la Alcaldía de Quito? ¿Al fin se va? Lo inverosímil no es que se vaya (si el Tribunal Contencioso Electoral confirma la remoción en 15 días): inverosímil es que haya podido quedarse dos años a la cabeza del Distrito Metropolitano sin asegurar siquiera la más mínima estabilidad y eficiencia en la administración. Yunda tuvo, en 25 meses, 6 gerentes en la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable. 5 en la Empresa Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas. 3 en la Empresa Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos. 3 en el Metro de Quito. 4 administradores generales. 3 gerentes en la Empresa de Transportes de Pasajeros... No solo no se preocupó de dar sostenibilidad a algún tipo de política pública: en algunas de esas empresas hay denuncias de irregularidades y corrupción.

Quito anda al garete, con el mayor porcentaje de desempleo y número de cantagios por COVID en el país y sin saber siquiera qué atributo contemporáneo la distingue de las otras capitales de la región. Seguir diciendo que es la “carita de Dios” o “Luz de América” no es más que una perogrullada disparatada y seudoromántica. La capital anda sin proyecto.

Decir que Jorge Yunda es un pésimo alcalde es redundante. No solo es un funcionario incompetente: es un político de una nueva especie. Él no es el primer alcalde inepto que tiene Quito; tampoco el primer político indiferente a la dimensión ética que debe tener la política. Funcionarios corruptos hay montones en el país. Pero Yunda sí se encuentra entre los pocos políticos -Quito no había tenido ninguno en esta línea- que se declaran totalmente irresponsables ante los actos de gobierno producidos por su administración.

Una aclaración: Yunda no tiene alzhéimer. Sencillamente es autor de un método nada sofisticado -pero que él cree efectivo- que lo autoriza a no saber nada de lo que ocurre en el Municipio. El mecanismo funciona con resoluciones. Con ellas encarga al gerente de una empresa o a un secretario Metropolitano labores generales y específicas. El juego está mutuamente acordado. La resolución lo libera -cree él- de responder por todo lo que allí suceda. Las órdenes que él da son verbales por lo cual, cuando hay actos de corrupción, él levanta brazos y ojos al cielo y reta a los periodistas y a los organismos de control, a que pregunten a sus funcionarios. Ellos deben endosar las culpas y eventuales delitos. No él.

Yunda ha llegado por esa vía a afirmar -lo dijo en Teleamazonas la semana pasada- que él no conoce ni los términos de referencia de los contratos que firma su administración. Si se compraron pruebas de detección de coronavirus que, en realidad, no servían para eso, hay que preguntar al secretario de Salud (que está en la clandestinidad). Si su hijo usaba logística y funcionarios de la Alcaldía, hacía negocios en sus instalaciones, participaba en el nombramiento de funcionarios y llevaba proveedores a su papá, es problema suyo, no del alcalde. Si en los chats que investiga la Fiscalía, hay pruebas de que su hijo recibía comisiones, Yunda responde que él había prohibido a sus funcionarios hablar con sus familiares y que él no mete la mano al fuego ni por su hijo (que abandonó el país)…

Yunda suma incompetencia, una catadura ética deplorable y una carencia total de sentido de responsabilidad. Si se le creyera, su tarea es captar el cargo y encargarlo mediante resoluciones. Y cuando lo pescan en corruptelas, lavarse las manos y mirar para otro lado. Así piensa seguir. Ahora mueve palancas en el TCE para ver si declara ilegal la remoción. Inepto, irresponsable, corrupto y también sin dignidad.