Los mamertos no se hacen cargo

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Los mamertos no se hacen cargo

Y que mientras no den cuerpo a las suyas, la izquierda jurásica seguirá reinando en Ecuador

Leonidas Iza y la directiva de la Conaie, que organizó la paralización de parte del país durante 18 días, son los protagonistas de una historia de muros y mitos. De pobreza, claro, y de ideas proscritas por la realidad que perduran en Ecuador gracias a una izquierda para la cual el mundo sigue viviendo en guerra fría. Mundo inalterable, dividido en dos. Como película de pistoleros. Con ellos en el papel de los buenos.

Esta historia tiene que ver con el Muro de Berlín. Ese muro de hormigón, de cuatro metros de alto, sirvió de frontera entre las dos Alemanias y fue derribado el 9 de noviembre de 1989. Se cayó fácilmente. Pacíficamente. Y eso ocurrió tras 28 años de haber sido levantado, durante los cuales alrededor de 140 personas perdieron la vida, asesinadas por la policía, al tratar de saltar ese muro para huir de Alemania del Este. ¿Inaudito? Ciertamente. Pero entendible cuando se piensa que ese muro se había caído antes, años antes, en la mente de los alemanes de lado y lado. Sobraba en la realidad.

Lo inaudito es que en Ecuador ese muro sigue existiendo en la cabeza de buena parte de los militantes de la vieja izquierda, leales a preceptos marxistas-leninistas que la realidad ha proscrito. Ese esquema marxista coincide con la necesidad de fabricar o propagar mitos. No es nuevo. Carlos Rangel, un intelectual venezolano, lo probó, en 1982, en su libro Del buen salvaje al buen revolucionario. El buen salvaje, en los cánones europeos, muta irremediablemente en buen revolucionario: de él surge, debe y tiene que surgir, el redentor del nuevo mundo.

Ese mito anda entreverado con otro, presente en la mente de Leonidas Iza y de aquellos intelectuales mamertos que lo catequizan y están principalmente en la Universidad Central del Ecuador: el mariateguismo. Su inspirador, el peruano José Carlos Mariáteagui, murió en 1930. Así el marxismo, con revestimiento materiateguista, inspira las proezas de un líder indígena que encuentra eco no solo en algunas de sus bases que hacen parte del sector más pobre del país, sino en esa izquierda mamerta que es más voluminosa de lo que se dice. Allí están buena parte de aquellos que han estudiado en colegios y universidades públicas. Y aquellos que se dicen progresistas, ecólogos, minorías sexuales, feministas… Y, por supuesto, aquellos que, por prurito intelectual, no pueden decirse centristas o de derecha. En un mundo que admiten maniqueo, ellos siguen estando del lado de la Sierra Maestra.

La democracia liberal no tiene sustrato político, moral y conceptual mayoritario en el país. Por supuesto toda esa izquierda vetusta y mamerta dirá, de dientes para fuera, no estar de acuerdo con la violencia y el terrorismo que preconizan los marxistas-mariateguistas y que practican Iza, sus amigos de la Conaie y sus aliados que esconden como familiar impresentable. Pero en secreto dirán que no se puede hacer tortilla sin romper los huevos.

Esa izquierda jurásica, que ve el mundo con teorías de hace más de un siglo, admite que la sociedad sea rehén, que sea violentada y aterrorizada por un grupo que, para defender supuestamente algunos derechos, niega todos los derechos a sus conciudadanos. Un grupo de dirigentes fascistas que actúa con total impunidad gracias también al apoyo cómplice que otorga esta vieja izquierda rehén, a su vez, de ideas que se cayeron con el Muro de Berlín.

Los demócratas, del borde que sean, no creen en las ideas. No luchan por ellas, aun sabiendo que las ideas mueven el mundo. Y que mientras no den cuerpo a las suyas, la izquierda jurásica seguirá reinando en Ecuador.