Columnas

Omertá

¿El miedo nos obliga a aplicar la ley del silencio o se van perdiendo los valores y nos estamos acostumbrando a ver la corrupción como un acto ajeno que no merece nuestra reacción?

Mario Puzzo, recordado autor de El Padrino, justo antes de su muerte concluyó su maravilloso libro Omertá, o la ley del silencio, que define como el código de honor siciliano que prohíbe informar sobre las actividades delictivas, consideradas asuntos que incumben solo a las personas implicadas. Esta práctica es muy difundida en casos de delitos graves o de mafia, donde un testigo o uno de los incriminados prefiere permanecer en silencio, ocultando el delito y protegiendo a los culpables.

En nuestro país la ley del silencio se encuentra anclada en el pensamiento y actitud de la sociedad, debo asumir que a causa del miedo a posibles represalias o quizá a la persecución, denigración e inseguridad jurídica, que en los últimos años permitió que los denunciantes terminaran perseguidos por una justicia penal sesgada. Ello nos ha convertido en una sociedad ajena, temerosa, indiferente, indolente. Nos hemos autoimpuesto una implícita prohibición categórica de no cooperación con las autoridades, callando lo que debe denunciarse.

Diario EXPRESO en su editorial del 15 de mayo destaca el hecho de que la corrupción, entronizada por años en diferentes instituciones del Estado, no ha sido denunciada, nadie se ha dado cuenta de lo que ha estado sucediendo; y que los delitos, sus autores y el ‘modus operandi’ son descubiertos por el periodismo de investigación o por la justicia de EE. UU. ¿Qué nos está pasando? ¿El miedo nos obliga a aplicar la ley del silencio o se van perdiendo los valores y nos estamos acostumbrando a ver la corrupción como un acto ajeno que no merece nuestra reacción? La sociedad ecuatoriana votó contra la corrupción y debe asumir sin miedo su rol de colaboración con el país, tener la mirada más libre y la actitud más amplia; autoimponerse un pacto honrado con la ética y su destino, denunciando corruptelas públicas y privadas, exigiendo su sanción. Solo así lograremos un cambio real como nación, daremos apoyo al nuevo gobierno y tendremos un futuro honesto para nosotros y nuestros hijos. Si permanecemos callados, nadie escuchará nuestro silencio.