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La peste

'Quizá el rasgo que nos acerca en estos días a la obra de Camus no son tanto los horrores de la peste... sino la ruptura súbita, instantánea, de la cotidianidad, en que se pierden todas las certezas y las seguridades’.

A lo mejor es el momento de releer la novela La peste del escritor argelino- francés, Albert Camus, premio nobel de Literatura 1957. No para establecer fáciles paralelismos. “La peste”, ha dicho el pensador Charles Moeller en su monumental ensayo Literatura del siglo XX y cristianismo, “es la crónica de la generación que sufrió y sobrevivió la guerra mundial de 1939 a 1945”. En realidad, en la figura de la peste que mata sin piedad a los habitantes de Orán, está el dolor y el horror de la generación que vivió el conflicto, la degradación que se sufrió por la ocupación y el encarcelamiento, magistralmente evocados en la figura de una ciudad de la que no se puede entrar ni salir por la enfermedad; el problema del mal o el del sufrimiento de los inocentes; y finalmente, el mal moral de “los que aman la peste en su corazón”, para sobrevivir.

“Las falsas noticias, los embrollos del mercado negro, la sed de goce, los odios en las familias, la dislocación de amores que se creían eternos, todos estos rasgos de los habitantes de Orán durante la peste se repiten en la de los europeos a lo largo de los cuatro años de ocupación”, concluye Moeller.

Quizá el rasgo que nos acerca en estos días a la obra de Camus no es tanto los horrores de la peste, ni los sufrimientos de los inocentes -que ya los presentimos-, ni los negocios de los que lucran con el mal moral, sino la ruptura súbita, instantánea, de la cotidianidad, en que se pierden todas las certezas y las seguridades. Frente a las pandemias, no “hay casos personales”. ¿Podré viajar en los próximos meses sin peligro? ¿Y qué pasa si hay afectos, necesidades, visitas impostergables, compromisos difíciles de eludir? ¿Llegará a afectarme el mal a mí o a quiénes se ama? ¿De dónde sale de repente esta fragilidad del ser humano?

Los personajes de La peste la sufren de diferentes maneras. Pero el libro de Camus no es una inclinación ante la tragedia, que es por cierto devastadora, sino una apertura a que lo mejor del hombre impere. “…El único medio de luchar contra la peste es la honradez”.