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“...Y llámame...”

"Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes/ para la tristeza de no ser santos/ se le recomendó el Psicoanális".

En los años sesenta, el poema de un monje trapense nicaragüense, Ernesto Cardenal, conmovió la sensibilidad por su invocación a Dios en medio de un escenario extraño sino ajeno a la espiritualidad corrientemente entendida. Que un monje, aislado del mundo por decisión y norma de la congregación que eligió, orase a Dios en ese mundo, era simplemente inusitado. Hacerlo como oración que se cumple al leerlo, es impactante. La invocación al Señor como plegaria recorre todo el poema y quien lo lee, ora.

En Oración por Marilyn Monroe, Cardenal recorre, desde la “pietas” cristiana, la vida de la famosa artista de cine, sus ilusiones y su soledad hasta llegar al día en que tomó (o se confundió) un exceso de barbitúricos que la llevó a la muerte un 4 de agosto de 1962. O fue asesinada… “Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes/ para la tristeza de no ser santos/ se le recomendó el Psicoanálisis”.

Marilyn era el gran ícono de Hollywood, sinónimo de belleza, éxito y ‘glamour’. El modelo de una vida exitosa típica del ‘American Dream’ que asegura a todos, realizar sus sueños. “La película terminó sin el beso final/ La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono./ Y los detectives no supieron a quién iba a llamar”.

Los nicaragüenses son los mejores poetas de Centroamérica. Desde Rubén Darío, pasando por Carlos Martínez Rivas, Pablo Antonio Cuadra, Gioconda Belli, para citar unos cuantos.

Cardenal mantuvo hasta el final, acosado por la dictadura de los Ortega, su palabra poética y su comprensión por los seres humanos, envueltos en sueños y mezquindades. “Señor/en este mundo contaminado de pecados y de radioactividad/ Tú no culparás tan solo a una empleadita de tienda. /Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine”.

Marilyn fue encontrada muerta con el teléfono en la mano. El poeta no se atreve a juzgar su vida; solo hace oración por ella. “Señor/quienquiera que haya sido al que ella iba a llamar/y no llamó (y tal vez no era nadie/o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles)/ ¡contesta Tú el teléfono!”.