Sobre libros

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Sobre libros

Guayaquil padece una aguda anorexia de libros. Hace tiempo que dejamos de ver en los estantes de las librerías títulos y autores de valía, editados como deben serlo’.

Aprovecho la oportunidad de la realización de la Feria del Libro en Guayaquil para hablar de autores, títulos, editoriales, ediciones. No es que no haya importantes asuntos internacionales en el momento. Requiere análisis, para entender nuestra contemporaneidad, el significado a nivel mundial de las dos primeras décadas del siglo XXI, desde que el ataque a las Torres Gemelas cambió nuestra autocomplacencia y seguridad, hasta la retirada desordenada de Afganistán, que ha mostrado incompetencia y debilidad.

La burda persecución contra el escritor nicaragüense Sergio Ramírez por parte de la maléfica pareja Ortega-Murillo, que se hunde cada vez más en sus mentiras y crímenes, muestra que vivimos tiempos de impunidad con organismos internacionales incapaces de actuar y donde cualquier tiranuelo puede destruir vidas humanas.

Hablemos sin embargo de libros. Guayaquil padece una aguda anorexia de libros. Hace tiempo que dejamos de ver en los estantes de las librerías títulos y autores de valía, editados como deben serlo, por editoriales como Acantilado, Cátedra, Gredos, Pre- Textos, Trotta e incluso Anagrama y Amorrortu. No es queja de buscador de exclusividades. Aquí abunda solo la autoayuda, las ficciones que se aprovechan generosamente de la historia para ser “best sellers”, las malas ediciones y peores traducciones de los clásicos. En cambio, sin ir más lejos, en Lima, librerías como Sur o Communitas e incluso El Virrey, existen a mano libros de los editoriales, autores, títulos citados. Placer de hojear y luego leer. Aquí, mucho libro mal editado y autores peor traducidos (es el caso de la mayoría de oferta de autores como Platón, Kant o Nietzsche) son los únicos. ¿Existen en alguna parte las ediciones últimas de la Comedia de Dante a propósito de que mundialmente se están conmemorando los 700 años de la muerte del poeta florentino? ¿O las conmemorativas por los 200 años de nacimiento de Flaubert, Baudelaire o Dostoievsky?

¿Cómo narramos lo único valioso que tenemos, que es nuestra vida? ¿Cómo construimos verbalmente ese relato? ¿En la trivialidad?