Jeannine Cruz | Cuando el crimen se vuelve tendencia
Cuando el crimen organizado logra admiración social, la violencia ya no necesita esconderse
Las redes sociales se han convertido en la vitrina perfecta para esconder lo que como sociedad no queremos ver. ‘Influencers’ que exhiben viajes, lujos, cirugías, fiestas y una vida resuelta sin que exista un origen claro de esos recursos. No es envidia ni moralismo: es una pregunta legítima. ¿De dónde sale el dinero?
No todas las ‘influencers’ están vinculadas al crimen organizado, pero negar que muchas lo están es seguir normalizando una mentira peligrosa. El narcotráfico y las mafias ya no solo operan con armas y violencia: hoy se infiltran con ‘likes,‘ seguidores y validación social. Usan rostros jóvenes y aspiracionales para blanquear simbólicamente el delito y volver deseable el dinero fácil.
Estos perfiles no siempre cargan droga ni disparan. Su rol es más silencioso y eficaz: legitimar. Mostrar una vida financiada por economías ilegales como si fuera éxito personal. Cuando la justicia aparece, el discurso se repite: “no sabía”, “solo me enamoré”, “no tengo nada que ver”. Pero el lujo constante sin trabajo visible no es casualidad, es señal.
Detrás de esa vitrina también hay otras realidades que no se muestran: control, dependencia económica, miedo, violencia y una vida sostenida en la precariedad emocional. Muchas terminan siendo descartables cuando ya no sirven a la estructura que las sostuvo. El ‘glamour’ tapa el riesgo.
Lo más grave no es la ‘influencer’, sino el mensaje que queda. Miles de jóvenes aprenden que el fin justifica los medios, que preguntar es de tontos y que el éxito no necesita ética. Ahí está la verdadera victoria del crimen organizado: cuando logra que su dinero no solo circule, sino que sea admirado.
Ecuador no enfrenta solo una crisis de seguridad. Enfrenta una crisis cultural. Mientras sigamos aplaudiendo el lujo sin preguntas, la mafia seguirá influyendo. Esta vez, sin esconderse, cada ‘like’ sin criterio, cada marca que auspicia sin investigar y cada silencio cómplice ayudan a que el dinero ilícito se vuelva aspiracional. Cuando el crimen organizado logra admiración social, la violencia ya no necesita esconderse. Y esa es una derrota colectiva que Ecuador no puede permitirse.