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El mundo del mañana trae consigo sus propios conflictos y la integridad física y mental de esos niños dependerá de cómo enfrenten las diferencias. Ojalá bastara salirse del chat

Me da risa cuando alguien se sale abruptamente de un chat. Y en particular me refiero a quienes se botan como una forma de manifestar desacuerdo, como una forma de expresar contrariedad, como una forma, en fin, de cortar el diálogo. O como dicen ahora, de “cancelar” un tema o una conversación.

Cerrándose el mes del Orgullo Gay, los comportamientos intolerantes y la violencia en las interacciones sociales deberían estar más al orden del día que las banderas o las preferencias de una u otra persona.

A veces siento que el más grande privilegio de trabajar en lo que hago es aprender sobre cómo las personas resuelven sus diferencias. En las negociaciones en las que participo me encuentro con escenarios tan diversos como los risibles protocolos diplomáticos o las desagradables expresiones del bajo instinto de quien es incapaz de tener una discusión civilizada. Porque la civilización es al final del día la capacidad de las personas para resolver pacíficamente sus diferencias. Como magistralmente lo puso Perelman en su Tratado, entre el extremo de una sociedad muda en la que todo es relativo y nadie es capaz de defender sus valores, y el extremo contrario de una violencia sorda en la que el diálogo no existe, se ubica el futuro de la humanidad.

El encuentro al que convoca el nuevo gobierno parece una versión del punto medio. El problema es que nadie repara en estas cosas. No hay aprendizaje sobre cómo resolver conflictos en las escuelas, no lo hay en las universidades, no lo hay en los trabajos. Es solo en la casa donde las personas aprendemos, desde pequeños, cómo repartir recursos escasos, cómo conciliar prioridades enfrentadas o cómo acercar diferencias.

La próxima vez que un niño esté cerca, por ello, pensemos muy bien cómo aproximamos las discusiones y conflictos en su presencia. Lo que ven es lo que harán a futuro. El mundo del mañana trae consigo sus propios conflictos y la integridad física y mental de esos niños dependerá de cómo enfrenten las diferencias. Ojalá bastara salirse del chat.