Columnas

Cómplices

La ficción de que las reglas aplican a todos por igual es uno de los principales cimientos de las democracias occidentales modernas.

Requisitos, procesos, formularios, plazos, filas, ventanillas, fotocopias, errores, subsanaciones, miles de páginas de normas que nadie lee ni leerá. La grisácea burocracia de los requisitos se supone que existe para proteger a los más vulnerables, pero es justamente a ellos a los que, en términos relativos, más perjudica.

Es gracias a ésta ficción democrática, revestida de formalidades y tecnocracia, que se ejerce legítimamente la autoridad. No pudiendo decidir todos, aceptamos pasivamente el arbitrio, arropado y diluido en alienantes reglas y explicaciones que dan formalidad. Aceptamos entonces prohibiciones y limitaciones a nuestras libertades sacadas del forro de los cuadernos de cuentas de unos pocos; presenciamos juicios políticos absurdos, asentados en curiosos y sofisticados matrimonios ideológicos, informes y votaciones, aunque contradigan -lo que es peor- el evidente juicio ciudadano sobre vergonzosos espectáculos políticos.

Es obvio que esta no es una crítica inédita del Estado nación, de la burocracia, ni de las formas de legitimación del poder. Ya los Weber, los Hayek o los Graeber de la academia y los Kafka, Musil o Ende de la literatura, por citar pocos, arrojaron luz a este complejo fenómeno.

Todos sabemos que sobre el acceso a bienes, servicios, derechos y deberes, el papel aguanta todo; que la meritocracia no se impone sobre parentescos o amistades. Sabemos que el ventanillero puede y debe resolver nuestro trámite, pero pide un papel más. Como lo sabemos tan bien, reconozcamos que el ‘statu quo’ político moderno, más que asentarse en los errores formales del sistema se asienta en una disputa de complicidades al ritmo de eventos electorales y de oportunidades de negocio.

Dice la Real Academia sobre la palabra cómplice: “Que manifiesta o siente solidaridad o camaradería”. “Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas” o “Persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos”.