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La fusión de las bolsas de valores de Bogotá, Lima y Santiago es un tren que se va para Ecuador’.

¡‘Wow’!. Las bolsas de valores de Colombia, Peru y Chile acaban de anunciar un proceso de fusión que les dará aquello que antes no tenían y que en estas cosas resulta crucial: un volumen transaccional de atractivo internacional. Un tamaño de mercado y estándares que atraigan capitales importantes, que fuercen prácticas de competencia internacional y que les permita a sus economías, públicas y privadas, avivarse con el fuego de la liquidez propia de los mercados de capital internacional.

Juntas, las bolsas de los tres países suman algo menos que la bolsa mexicana y apenas la mitad de la brasilera. Dicen los ejecutivos a cargo de la fusión que esperan un crecimiento de operaciones del 50% en los primeros años.

Entre tanto, Ecuador mantiene atomizado el micromercado que representa: las bolsas de valores siguen siendo dos, Quito y Guayaquil. Mientras, en Ecuador, los escándalos y el reciente juicio político al superintendente de Compañías y Valores nos aleja más del juego de grandes, del acceso a recursos que tanta falta le hacen a nuestra economía. No solo tenemos un pastel mucho más pequeño, sino que además, respetando las cosas bien hechas, que las hay, algunas partes están podridas.

Parece obvio que la única esperanza para que el mercado ecuatoriano de valores despunte realmente es uniéndose con este nuevo ‘holding’, ni siquiera fusionándose Quito y Guayaquil. Esta última, misión que mirándonos el ombligo luce imposible, cobra sentido en perspectiva global.

Solo con decisión de los líderes de las bolsas locales, y ojalá también de quien sucederá al caído superintendente, podría pasar algo así.

El futuro es prometedor para quienes realmente están invirtiendo en la transformación digital, algo que no ha enfatizado la nueva organización regional pero que difícilmente podrá obviar.

Ya lo decía en Forbes hace un par de meses la CEO de Nasdaq, Adena Friedman: el ‘trading online’ cambió todo en el mercado de valores. Lo transformó. Y ahora ‘blockchain’ lo está volviendo a transformar. Mientras, el Ecuador se queda en el rezago.