Músculos artificiales
La tecnología permite imprimir fibras sintéticasCortesía

Músculos artificiales: El avance de la impresión 3D que revolucionará la biónica

Científicos suizos diseñan tejidos elástico mediante siliconas especiales para dotar de movilidad propia a máquinas y humanos

El cuerpo humano posee una red vital de más de 600 músculos que garantizan desde el latido cardíaco hasta la locomoción. Esta complejidad biológica representa uno de los mayores retos para la ingeniería moderna. Sin embargo, investigadores de los Laboratorios Federales Suizos de Ciencia y Tecnología de Materiales (Empa) lograron un hito técnico: fabricar tejido artificial con propiedades idénticas a las fibras orgánicas mediante impresión 3D.

Beneficios y aplicaciones de los actuadores elásticos

El uso de esta tecnología, denominada técnicamente como actuadores elásticos dieléctricos (DEA), abre un abanico de posibilidades en diversos campos:

  • Robótica blanda: Creación de máquinas con movimientos fluidos y naturales, lejos de los componentes mecánicos rígidos.
  • Exoesqueletos: Soporte ergonómico para ayudar a personas con movilidad reducida o trabajadores con cargas pesadas.
  • Realidad Virtual: Desarrollo de guantes hápticos que permiten sentir objetos digitales mediante la presión de estos músculos.
  • Medicina regenerativa: Potencial reemplazo de tejidos lesionados en pacientes con daños musculares graves.
  • Sistemas automotrices: Sustitución de piezas pesadas y ruidosas por mecanismos ligeros y silenciosos.

El desafío de imprimir materiales contradictorios

La creación de estos ‘músculos’ no resultó sencilla. El equipo liderado por Patrick Danner, investigador del Laboratorio de Polímeros Funcionales de Empa, enfrentó el reto de combinar dos tipos de siliconas con funciones opuestas: un electrodo conductor y un material dieléctrico. Según Danner, “estos materiales se entrelazan en capas, como se entrelazan los dedos de una mano. Si se les aplica un voltaje eléctrico, el actuador se contrae como un músculo”.

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Para que el proceso sea exitoso, las sustancias deben cumplir requisitos físicos complejos. Deben licuarse bajo presión para salir por la boquilla de la impresora, pero recuperar su viscosidad de forma inmediata para mantener la forma deseada. 

Danner afirma que "estas propiedades suelen ser directamente contradictorias entre sí. Si se optimiza una de ellas, las otras cambian, y generalmente para peor". Pese a esto, la colaboración con la Escuela Política Federal de Zúrich permitió el desarrollo de tintas especiales que superan estos obstáculos técnicos.

El futuro de esta innovación apunta hacia la escala microscópica. Si el equipo logra que las fibras impresas sean más finas, la similitud con el sistema biológico será casi total. Dorina Opris, directora del grupo de investigación, mantiene una visión ambiciosa sobre el potencial de este hallazgo a largo plazo. 

La experta sostiene que en el mañana “podría ser posible imprimir un corazón entero a partir de estas fibras impresas en 3D”, aunque reconoce que todavía queda un camino extenso para materializar ese sueño. Por ahora, estos músculos artificiales ya demuestran que la frontera entre la biología y la fabricación digital es cada vez más delgada.

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