Jaime Antonio Rumbea | Mitologías
La independencia judicial no es más que uno de nuestros mitos occidentales
Con cargo a los escándalos de la semana, una posibilidad es dejarse de niñerías. En vez de señalar con el dedo donde es fácil e inconsecuente, el dedo debe apuntar a nosotros mismos, porque no hay más causantes de esto que nosotros mismos. Más que rasgarnos las vestiduras, redoblemos nuestro esfuerzo por evitar la impunidad. Y eso es redoblar esfuerzo porque la justicia funcione.
¿Puede existir una justicia separada de la política? ¿Puede el derecho desligarse de la sociedad que le da origen? La respuesta, incómoda, es no. Lo jurídico no es un ámbito puro ni aséptico. Es una construcción atravesada por intereses, conflictos y correlaciones de fuerza propias de la sociedad en la que surge. Presentar a la justicia como independiente no la vuelve más justa; solo la vuelve menos visible. Y los problemas invisibles solo llaman soluciones invisibles.
La independencia judicial no es más que uno de nuestros mitos occidentales. Se la menciona con solemnidad, se la defiende como si fuera un hecho natural y se la usa como vara moral para juzgar a gobiernos, sociedades y procesos políticos. “Esto no es político, es jurídico”, escuchamos; “es un tema legal”, como cuando alguien también dice “es económico, no político”. Como si la ley no surgiera de la política: es una estratagema, ni tan antigua, cuidadosamente cultivada.
Es un dispositivo de poder. Cuando una decisión judicial se presenta como técnica o neutral, se oculta el hecho de que toda decisión implica una toma de posición, consciente o no, dentro del marco político que la legitima.
Cada sistema judicial expresa el sistema político del que emerge. No solo en sus normas, sino en sus personas, en sus prioridades y en la selección de los temas que vale la pena juzgar.
Las crisis que enfrentamos y el enorme déficit de legitimidad de nuestro sistema de justicia es la crisis de nuestro sistema político, esquivando su responsabilidad. Insistir en la independencia judicial busca despolitizar decisiones que son políticas.
Algún rato tocará abandonar el mito y aceptar que es normal que la política se ejerza desde los tribunales. Y que es allí donde mejor se entiende la disputa del poder.