‘Nessun dorma’

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‘Nessun dorma’

Por muy dura que sea esta crisis, necesariamente nos servirá de algo

‘Nessun dorma’. Que nadie duerma, es el aria inicial del ‘finale atto’ de la magistral ópera Turandot del compositor Giacomo Puccini.

Turandot era una princesa cruel que, a todo pretendiente le planteaba tres complejos acertijos. Si el aspirante lograba descifrar los enigmas, ganaba el derecho a desposarla. Pero si, al contrario, este no lograba desentrañar las respuestas, era decapitado.

Durante años, muchos candidatos habían pagado con su cabeza el no haber podido resolver las incógnitas de la princesa, hasta que llegó el día en que un desconocido logró encontrar las respuestas correctas. El desconocido tuvo entonces la audacia de retar a Turandot a que, si su identidad era descubierta antes de la mañana siguiente, la princesa no tendría que casarse con él.

Nos encontramos ya en el día treinta de encierro universal obligatorio y pareciera que vivimos un eterno ‘déjà vu’. Nos sentimos como Bill Murray en Groundhog Day, despertando cada día en el mismo lugar, con idéntica circunstancia, sabiendo que vamos a vivir lo mismo una vez más, de manera inexorable. Nuestras autoridades nos han conducido a una molienda distópica propia de una pesadilla orwelliana. Y mientras la economía naufraga nos disponemos a implementar planes de contingencia.

Como decía Ronald Reagan acerca de la visión estatal de la economía: si se mueve grávala, si sigue moviéndose regúlala, y si para de moverse, subsídiala.

Pero llegará el día en que tendremos nuestra Pascua de Resurrección Nacional reincorporándonos al trabajo de verdad. El significado etimológico de la palabra pascua proviene de la palabra hebrea ‘pésaj’, que significa salto o paso. Según los judeocristianos, un salto de fe de la muerte a la vida. ¿Será entonces que podremos elevarnos cual ave Fénix sobre las cenizas infernales a las que nos han llevado el coronavirus y el virus del colectivismo?

Por muy dura que sea esta crisis, necesariamente nos servirá de algo. Cuando hayamos cruzado estos duros momentos y veamos hacia atrás, veremos que no fueron ni el Estado, ni líderes mesiánicos los que nos sacaron de esta crisis. Habremos sido nosotros mismos los que nos salvaremos, con mucho sacrificio, pero interactuando en libertad. Por eso, hoy defendamos de manera firme un solo concepto: libertad sobre regulación. Solo salvaguardando este principio habremos ganado la mitad de la batalla.

“La realidad ha superado la legalidad”. Me suena al acta de rendición más bella de un colectivismo ruinoso, fracasado y colapsado, ante lo único que funciona: la iniciativa individual interactuando libremente.

El desconocido pretendiente no solamente había desafiado a la muerte al resolver enigmas hasta entonces indescifrables, sino que había retado a la princesa a descubrir su identidad y así evitar casarse con él. Desesperadamente, la malvada princesa Turandot ordenaba en Pekín que nadie duerma -’nessun dorma’-, tratando de descubrir la identidad del furtivo galán. Sin embargo, el desconocido príncipe Calaf, con la seguridad que le daba ser el amo y único capitán de su destino, proclamaría a Turandot y las estrellas: -All’alba vincero, vincera, vincero- o. En español: Al amanecer, venceré, venceré, ¡Venceré!

¡Hasta la próxima!