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Martillo de oro

"...luciría de observar los actuales resultados, que el haber desafiado la falacia ‘ad populum’ del todos en la cama o todos en el suelo, le ha resultado beneficioso a Tegnell y los suecos"

Se conocen como “martillo de oro” a aquellos paradigmas o tendencias que presuponen una supuesta solución milagrosa a algún problema y cuyos partidarios la exaltan de manera exagerada. Como es imaginable, un martillo de oro luciría llamativo y atractivo para muchos, pero impráctico, pues no realizaría su supuesta función principal de clavar clavos al ser el oro un metal altamente maleable. Y así como miles de años atrás los israelíes crearían un borrego de oro -tenía que ser borrego- para adorarlo cual Dios tras la partida de Moisés al monte Sinaí, el Leviatán se inventaría también su propio animal o martillo de oro, bello en apariencia, pero de ineficacia absoluta; las restricciones a las libertades individuales para controlar la pandemia de COVID-19.

Anders Tegnell es un controversial epidemiólogo que pasó de ser un burócrata sueco de bajo perfil a ser una celebridad, pues implementó en su país, inobservando el ‘mainstream’ global, una de las estrategias anti-COVID-19 más polémicas del mundo: el abstenerse del encierro forzoso o “cavernícola”, como lo llamaría el liberal Javier Milei. Forzar un encierro era, palabras de Tegnell, como tratar de “matar una mosca a martillazos”.

Alabado por algunos, criticado por otros, Tegnell se negó a cerrar fronteras, colegios, negocios y restaurantes en una posición que muchos consideraron como audaz y arriesgada. La estrategia era sencilla: confiar en que los suecos iban a actuar responsablemente, basado en su larga tradición de respeto a la libre determinación de sus ciudadanos. La responsabilidad era transferida al individuo para que sea este el responsable de cuidar su salud y su economía. Es el individuo, como diría Ortega y Gasset, el que se conoce a sí mismo y a su circunstancia. Se negó a cerrar fronteras, pues el virus estaba regado ya por toda Suecia, ni cerró colegios, pues consideraba que el costo asociado en términos de la salud psiquiátrica y física de los jóvenes no justificaba el supuesto beneficio sanitario. Y si bien debemos esperar algo más de tiempo para poder comparar los resultados de ambas estrategias contrapuestas -el encierro cavernícola o la responsabilidad individual- luciría de observar los actuales resultados, que el haber desafiado la falacia ‘ad populum’ del todos en la cama o todos en el suelo, le ha resultado beneficioso a Tegnell y los suecos.

El reconocido psicólogo estadounidense Abraham Maslow, autor de las jerarquías de las necesidades humanas representadas en la célebre Pirámide de Maslow, también tuvo su propio martillo: el “martillo de Maslow”, acuñado en su libro La psicología de la ciencia, publicado en 1966. El concepto del martillo de Maslow se resume en la popular frase: “si solo tienes un martillo, todo te parecerá un clavo”. Ya sea de hierro o de oro, como dice Tegnell, no necesitamos de un martillo para matar moscas, sino de líderes y ciudadanos que entiendan que lo que se requiere es libertad individual con responsabilidad. Porque todavía estamos a tiempo de enderezar nuestro rumbo y encontrar un modelo sustentable en lo sanitario y lo económico porque a punta de martillazos vamos a terminar indefectiblemente chiboleados.

¡Hasta la próxima!