‘Facta, non verba’

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‘Facta, non verba’

Porque jamás hay que olvidar que al Leviatán aplica aquella fatalidad conocida como la maldición gitana: tener uno hijo bien tonto, pero con mucha iniciativa

Ante la insensatez del Leviatán de disponer nuevamente un estado de excepción, he vuelto a recordar el pensamiento del célebre matemático y estadístico Nassim Taleb. En su best-seller Jugarse la piel, Taleb elabora acerca del grave riesgo moral que significa el que supuestos líderes o “analistas” -sean científicos, económicos o políticos- tomen decisiones o propongan políticas públicas cuyas consecuencias terminan siendo enteramente proyectadas a terceros, sin tener ellos que jugarse su propio pellejo. Algo similar a lo que hace acá nuestro infalible COE.

Con la declaratoria del estado de excepción y ante la manifiesta incapacidad de lograr controlar la pandemia, el Leviatán pretende montar otro show mediático que desvíe la atención hacia una falsa sensación de seguridad. Pura propaganda de corte goebbeliano para engañar y aparecer como que algo se está haciendo por la salud, cuando lo cierto es que está matando más personas, pues la pobreza, el desempleo y el ‘stress’ matan tanto o más que el mismo COVID-19.

Debemos referirnos necesariamente al latinismo ‘facta, non verba’ para evidenciar lo pernicioso de la actuación del Leviatán porque, así como el liberalismo debe confrontar al socialismo remitiéndose a los hechos y no a las palabras, en este debate debemos hacer ídem. La evidencia ha demostrado que el encierro forzoso resulta ser absolutamente ineficaz en el largo plazo para controlar la pandemia. Asimismo, hoy se conoce que es muy poco probable contagiarse en exteriores y manteniendo distanciamiento social. Basta chequear la evidencia donde se apuesta por la libertad versus donde se apuesta por el colectivismo para comprobar que el encierro no vence al virus, pero sí destruye la economía: Florida versus California, Suecia versus España, Uruguay versus Ecuador. ‘Facta, non verba’. De igual manera está comprobado que la única salida rápida de la pandemia es la vacunación masiva e inmediata, sino veamos a Israel, que ya no exige mascarillas en exteriores y ha bajado sus muertes por COVID-19 a casi cero. ‘Facta, non verba’. ¿Por qué insistimos entonces en el malhadado encierro cavernícola?

Años atrás, cuando las misas cristianas se daban en latín, estas terminaban con la fórmula trinitaria ‘In nómine Patris, et Fílli, et Spíritus Sancti, Amén’ o -en castellano- En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. Se dice que el origen de la expresión “santiamén” deriva del hecho de que, al terminar la Misa, las personas se santiguaban y repetían tan rápidamente el ritual verbal terminado en ‘Spíritus Sancti, Amén, que unían ambas últimas palabras en una sola: “santiamén”. La única y verdadera solución a la pandemia pasa por abandonar paradigmas colectivistas retrógrados y organizarnos como sociedad civil para vacunarnos todos en un santiamén, porque el encierro forzoso no es sino puro amague para desviar la atención de lo realmente cierto: la incapacidad del Leviatán para hacer lo que debe hacer y para dejar de hacer lo que no debe hacer. Porque jamás hay que olvidar que al Leviatán aplica aquella fatalidad conocida como la maldición gitana: tener uno hijo bien tonto, pero con mucha iniciativa.

¡Hasta la próxima!