Columnas

¿Cómo encadenamos al Leviatán?

La solución según Buchanan pasa por limitar a nivel constitucional y legal, el alcance del gobierno y su capacidad de regular y/o gravar a los ciudadanos. 

James McGill Buchanan fue un economista liberal estadounidense, premio Nobel de economía en 1986 y precursor de la tesis del ‘Public Choice’ o de la elección pública. Dicha teoría sostiene, en términos sencillos, que los políticos actúan con base en incentivos políticos o personales cuando dictan políticas públicas, por lo que generalmente sirven a sus propios intereses políticos y circunstancialmente a ciertos grupos. Al haber entonces incentivos para servir intereses o grupos de presión, se tiende a dictar resoluciones que terminan siendo perjudiciales a la mayoría de los constituyentes. ¿Cómo podríamos hacer para evitar esta profecía autocumplida?

El Ecuador y el mundo viven la crisis sanitaria y económica del COVID-19. Tal como lo visualizara Buchanan, el Leviatán criollo se activó inmediatamente y dispuso el encierro forzoso universal. A diferencia de Uruguay, acá se nos despojó de la posibilidad de que seamos nosotros los que podamos discernir el riesgo-costo-beneficio de salir y dirigir el destino de nuestras vidas. Meses después, con lamentables resultados en lo sanitario y económico, hemos ido liberándonos, pero un Leviatán temeroso pretende seguir gravando, regulando y supuestamente subsidiando nuestras vidas. Es como que si resonaran las célebres palabras de Ronald Reagan: “La visión del Gobierno sobre la economía se podría resumir en unas pocas frases cortas: si se mueve, ponle impuestos; si se sigue moviendo, regúlalo. Y si deja de moverse, subsídialo”.

La solución según Buchanan pasa por limitar a nivel constitucional y legal, el alcance del gobierno y su capacidad de regular y/o gravar a los ciudadanos.

La teoría del ‘Public Choice’ sostiene que la evidencia científica deja claro que es al Estado -y no a los ciudadanos- al que hay que limitar para evitar que los fallos de estado generen fallos de mercado.

Solo un Leviatán encadenado nos dará la libertad necesaria para que con responsabilidad salgamos de la crisis, porque como lo resumiría Pierre Joseph Proudhon de manera magistral: “Ser gobernado significa ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, regulado, inscrito, adoctrinado, sermoneado, controlado, medido, sopesado, censurado e instruido por hombres que no tienen el derecho, los conocimientos, ni la virtud necesarios para ello. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, controlado, grabado, sellado, medido, evaluado, sopesado, apuntado, patentado, autorizado, licenciado, aprobado, aumentado, obstaculizado, reformado, reprendido y detenido. Es, con el pretexto del interés general, ser abrumado, disciplinado, puesto en rescate, explotado, monopolizado, extorsionado, oprimido, falseado y desvalijado, para ser luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta: reprimido, multado, objeto de abusos, hostigado, seguido, intimidado a voces, golpeado, desarmado, estrangulado por el garrote, encarcelado, fusilado, juzgado, condenado, deportado, flagelado, vendido, traicionado y por último, sometido a escarnio, ridiculizado, insultado y deshonrado. ¡Eso es el gobierno, esa es su justicia, esa es su moral!”.

¡Hasta la próxima!