Columnas

Derribe este muro

Está en nuestras manos derrumbar la muralla de opresión y subdesarrollo, rechazando para siempre el embuste falaz de aquellos en búsqueda de expiar sus propios complejos.

El discurso que pronunciaría el expresidente de Estados Unidos Ronald Reagan en 1987 en la legendaria puerta de Brandeburgo de Berlín, dirigido al entonces secretario general de la Unión Soviética Mijail Gorbachov, conocido por la célebre cita “Mr. Gorbachov, tear down this wall” o “Señor Gorbachov, derribe este muro”, resultaría siendo una obra maestra de la retórica moderna y determinaría de manera premonitoria el comienzo del fin de la Guerra Fría. La audaz exhortación a derrocar el muro, considerada inimaginable al momento de plantearse, terminaría convirtiéndose en profética con el advenimiento de los sucesos históricos del 9 de noviembre de 1989 donde, en un hecho sin precedentes en la historia de la libertad, la muralla de Berlín terminaría desplomándose sin violencia y con ella la inexpugnable cortina de hierro.

El Muro de Berlín, construido en 1961 para evitar que los ciudadanos de la Alemania comunista “deserten” a la Alemania libre, se erigiría como símbolo del socialismo totalitario de la Unión Soviética y los países del este. Era un símbolo siniestro de la opresión, la polarización y la barbarie humana. Su cruda realidad, contrario al relato mentiroso comunista, la resaltaría magistralmente en 1963 John Fitzgerald Kennedy en su también notable discurso en Berlín donde proclamaría: “Hay algunos que dicen que el comunismo es la ola del futuro; dejad que vengan a Berlín”. Una demostración de cómo la supuesta solidaridad socialista resulta ser una vil patraña, cual tesoro de arcoíris que mientras más se persigue, más se aleja. Un infierno terrenal de tal magnitud que las personas con tal de escapar de él, arriesgan sus vidas divagando como zombis errantes por los inhóspitos caminos de una diáspora perversa.

Pareciera mentira que, a pesar de los más de cien años de evidencia pura, dura e irrefutable del absoluto fracaso del colectivismo, sigamos estando en Ecuador en la disyuntiva de escoger entre el infierno socialista-populista y la libertad. Es que insistir en modelos caducos de gobierno que han traído sufrimiento, muerte y pobreza al mundo solo puede provenir de mentes retorcidas y enfermas de un afán megalomaniático de poder. Almas frustradas y acomplejadas que, incapaces de perseguir el dulce pero espinoso sendero de la gloria, están condenadas a arrastrar el grillete de los fracasados.

Afortunadamente, hay al menos dos tercios de ecuatorianos que se rehúsan a vivir como cubanos o venezolanos. Está en nuestras manos derrumbar la muralla de opresión y subdesarrollo, rechazando para siempre el embuste falaz de aquellos en búsqueda de expiar sus propios complejos.

Desafiemos los paradigmas que nos impiden prosperar como nación, así como Reagan desafiara a Gorbachov 34 años atrás y que hoy más que nunca vale la pena recordar: “Hay una señal que los soviéticos pudieran hacer que fuera inequívoca y avanzaría dramáticamente hacia la causa de la libertad y la paz. Secretario general Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad de la Unión Soviética y Europa oriental, si usted busca la liberalización, venga acá a esta puerta. Sr. Gorbachov, abra esta puerta. Sr. Gorbachov, derribe este muro”.

¡Hasta la próxima!