Columnas

Cada día es como un domingo

'Se anuncian tímidos planes de reapertura económica para días después recular, pues los planes hay que estudiarlos bien’.

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Calles céntricas de Italia vacías a plena luz del día durante la cuarentena por coronavirusEFE

La Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago (siglo III a. C.) ha sido considerada por su relevancia histórica como la primera guerra mundial de la antigüedad. Una guerra cuyo ‘cassus belli’ fue el ataque de las tropas cartaginenses lideradas por el legendario Aníbal contra la ciudad ibérica de Sagunto. Los saguntinos, aliados de Roma, mientras ofrecían una heroica resistencia al poderoso ejército cartaginense, enviaban desesperadamente embajadores a Roma para conseguir el apoyo del ejército imperial romano. Pasarían meses de deliberaciones del indeciso Senatus Romanus para que Sagunto finalmente termine siendo arrasada por el ejército cartaginense.

Las crónicas del historiador Titus Livius harían referencia a este evento con las famosas palabras “Dum Romae consulitur, Saguntum expugnatur” o “Mientras Roma discutía, Sagunto era conquistado”.

Al día 37 de encierro forzoso resulta evidente que estamos en manos de un liderazgo político improvisado que pareciera que nunca administró nada. Un gobierno desarticulado que va dando palos de ciego, aplicando a diario diferentes cócteles extraños e inconexos. No existe, o no se conoce de plan de acción alguno. El Gran Hermano nos excluye de las decisiones sobre nuestro propio futuro. Y el país, hundido en un encierro mental profundo, nos recuerda la temida maldición gitana: la desgracia de tener un hijo tonto, pero con iniciativa.

Mientras tanto, el Leviatán sigue tratando de esbozar el plan perfecto. La libertad es esclavitud según las sociedades orwellianas. La estratagema marquetera del #quedateencasa se mantiene inalterable en esta pesadilla kafkiana. Se anuncian tímidos planes de reapertura económica para días después recular, pues los planes hay que estudiarlos bien. Como en la cumbia: allá en mi pueblo se lleva el ritmo de una manera muy singular, se da un paso pa’ delante, se da un paso pa’ atrás.

No hubo esta minuciosa prolijidad en el diseño de los protocolos hechos al andar en supermercados, farmacias o comidas a domicilio. Sin embargo, los tecnócratas tienen ese inagotable deseo de buscar la perfección distópica.

El ogro benefactor de Hobbes debe tomar decisiones ‘ad libitum’ por nosotros, pues él sí sabe, nosotros no.

El inicio de clases se pospone para todos, aunque haya colegios listos para iniciar clases en modo virtual. Ningún notario cierra una escritura, aunque haya miles de casas listas para ser entregadas a sus dueños. Nadie sale de su casa, aunque la mayoría se muera de hambre y de angustia. Empiezan a sonar clarinadas de desobediencia civil al encierro, como en la mañana de este lunes, pero la respuesta del “Ingsoc” criollo es más represión y retiro de salvoconductos por edicto supremo emitido a través de las telepantallas.

Dos siglos atrás, Séneca decía: “no existen vientos favorables para los navegantes que no conocen el rumbo”. Pareciera que el cantante británico Morrissey se habría inspirado en los tiempos recios que vivimos cuando escribía en su canción “Everyday is like Sunday”:“Esta es la ciudad costera, que ellos olvidaron cerrar, Armagedón, ven Armagedón, ven Armagedón, ven. Cada día es como un domingo, todos los días son silenciosos y grises”.

¡Hasta la próxima!